lunes, noviembre 21, 2005

Espiral


Para la mayoría de los moluscos, la forma orgánica no tiene mucha importancia en la vida de los miembros de una especie, dado que no pueden verse uno al otro o tienen sólo una vaga percepción de los demás individuos y del ambiente. Ello no excluye que estriados de colores vivos y formas que encuentra bellísimas nuestra mirada (como en muchas conchillas de gasterópodos) existan independientemente de toda relación con la visibilidad.



Coquilles

Acteon tornatilis con la concha horadada por el caracol depredador Natica.

Foto de Lluis Aguilar.


viernes, noviembre 11, 2005

Enzo Nussio

Hoy llegaron 5 cartas al buzón, rescato ésta. Es de Enzo, un amigo entrañable. La comparto por la vez en que prometimos sentar a la belleza en las piernas. Gracias amigo ¡
Mi más sincero abrazo.
Queridos amigos mexicanos...

Les escribo a todos juntos, espero que no les ofenda individualmente sino de fuerza a su sentimiento patriotico...

Estoy trabajando bastante en la Embajada de Suiza, y lo paso bien en Chile. Sabian que en Chile se dice Aji o Pico al Chile. El Pisco, que pronuncian como Pico, no me gusta tanto, por razones obvias... Estoy con la cuba, como Javier me lo enseno.

Estoy trabajando bastante. la semana pasade era el observador oficial de Suiza ante la conferencia general del Organismo para la proscripcion de armas nucleares en Latinoamerica y el Caribe. conoci un chingo de Embajadores de cada pinche pais de este continente. Estuvo divertido. Ademas de esto estoy escribiendo informes politicos para mi gobierno. Creo que nadie los leera pero vale madres.

Chile no es el pais prometido, las chicas son medio feas, nada comparado con Colombia. Colombia es una maravilla, vayan a Colombia, en serio. Ahi hay de todo y ademas no es tan peligroso como todos dicen, a mi por ejemplo me secuestraron muy pocas veces.

La gente en Chile no es tan amigable como en Mexico, son un poco introvertidos y no muy integrativos. Hay que hacer un esfuerzo para conocerlos. No obstante lo paso muy bien, salgo muchas veces y regreso a casa a las 8 de la manana a menudo.

A veces me dicen que tengo un acento mexicano cuando hablo espanol, jajaja. Lo tomo como cumplido pero el acento chileno no me gusta mucho. Ademas siempre quieren que yo diga cosas como "orale wey"... Cuando me preguntan eso, yo suelo responderle con un seco y clasico "chinga tu madre".

Cada vez que escucho la palabra Mexico (o palabras que suenan parecido como tragico o Mecanico...) pienso en ustedes. No voy a olvidarles aunque escribe poco...


Que les vaya muy bien
Enzo
(sic).

miércoles, noviembre 09, 2005

miércoles, noviembre 02, 2005

The Sand

Por todo, necesariamente.

I

Yo te sentía parte de aquel mar. Era mediodía. Con los huaraches en la mano, veía a la gente dando vueltas por la mar, guardándose en no sé qué partes de sus ropas, pedacitos de coral, alguna piedra; en barcas de motor remotas, sentados en la arena y nadando. No conocía a nadie, pero, maravillosamente sabía que estabas en aquel mar inmóvil —el más alejado de la playa—, surcado por los breves intervalos de tus brazos que, repetidamente, te acercaban al fondo de un secreto. Cada vez más libre de movimientos en el agua, te sentías contenta y cada vez con más ganas de nadar. Tal vez de llegar al mar abierto.

II

Saliste de una vez, te miré inmóvil, traías un divino bañador, vigilando tus lentos movimientos, mirando cómo el agua descendía por tu piel y, llegabas a la arena provocando en mí una breve sensación de inmortalidad. Después nos sentamos bajo un parasol. Arrojaba su sombra negra sobre nuestros cuerpos y la arena inundaba nuestros pies. Así nos quedamos algún tiempo, mientras la multitud de bañistas, ya sea acompañados o solos, se lanzaban a la mar y, los niños se zambullían en cada ola blanda. Cómo brillaban tus ojos mirando el movimiento de la superficie azul, parecía que la vida se gestaba a cada parpadeo, y en cada salpicadura blanca del azul contenido me dirigías una sonrisa.

III

El fondo marino de arena ondulada era deformado por tus pisadas. Volvías a la mar. Los rayos de sol parpadeaban entre las gibas del agua y tu pelo. Te sumergiste y aparecían algas, velocísimos pececitos estriados, rocas submarinas afiladísimas (escollos) y, arriba miraba el color que daba a la mar la silueta de tu cuerpo. La piel de tu nítida espalda y tus largas piernas, eran de una blancura reveladora entre el azul y moreno de las piedras. A cada brazada tuya, todo lo oscuro de tu pelo aparecía, cambiando en ti todos tus secretos. Cambiabas la dirección de tus movimientos, girabas en el agua, nadabas de una manera híbrida, alejándote. Mantenías en mí a la vida, ansiosa de hundirme allí, de pasar entre el navegar de las olas y abrazarte.

IV

La fuga de tu cuerpo había cesado, ahora descansarías. El sol dejó de estar en posición vertical y, comenzó el reflujo hacia la orilla de los que estaban dispersos por el mar. Llegaste, en tus ojos había una expresión de serenidad, llena de asombro y libertad. Todavía llevabas restos de agua en tus suaves hombros. Las yemas de tus dedos exangües y con los relieves ondulados rozaban tu piel al acercarte. Alzando los ojos me miraste, como aquellas veces en que nos enfrentábamos a vernos, a quedarnos callados dirigiéndonos miradas en secreto, simples: ¡hermosas!

V

Nos fuimos en la penúltima barca de motor, un viaje multitudinario —por así decirlo—. La barca partió enseguida, más veloz que cuando había llegado. Con sus movimientos misteriosos, nos dejaría la certeza de que nunca este lugar sería igual. Te tapaste los ojos sonriendo. Los dos estábamos sentados con las manos sobre las rodillas, sonreíamos, cansados, entre el naranja del salvavidas y un azul que se va. Para llegar a la playa, el muchacho de gafas conducía la barca partiendo en dos el mar. Se miraba la hormigueante costa acercarse, las barcas atracadas, las barcas volcadas; se miraba también la isla dejada, te miraba; la última fila de paseantes cubriendo su cara con toallas: morenos por el sol. Nos mirábamos esa tarde al llegar a la playa, todavía llena de castillos y volcanes de arena abandonados por los nenes. Y tú, breve, estremeciéndome. Moviendo mi vida, como un suspiro.

Mirar

sandra