lunes, enero 28, 2008

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Mi corazón vuela a Barcelona.
htb
Y yo camino al poniente como un sol que se levanta.
En la nochecita, cuando nuestras líneas se espacían, te beso.

jueves, enero 17, 2008

La banalidad

“Estoy solo, completamente solo junto al mar y en esta habitación. Si hay algunas personas en este lugar, no se preocupan por mí, y yo no me preocupo por ellas. Vivimos en la mutua indiferencia. Ellos son cosas para mí, yo soy una cosa para ellos. No nos interferimos ni nos consolamos. He venido hasta aquí, donde nadie me conoce y no conozco a nadie, para estar solo con el estruendo del mar y los ladridos de los perros en cautiverio, los alaridos de los niños inexistentes y las marchas militares de los tocadiscos sin dueño. Ni siquiera el viento me conoce, ni siquiera él me tiene en cuenta mientras ulula atravesando las ventanas de los rascacielos vacíos que se conmueven a su paso. El tampoco se ocupa de mi soledad, no entiendo su lengua, ignoro la letra de sus canciones insensatas. Sobre todo, no hablo. Para tener algo que decir debe haber algo que sea decible. Yo miro a mi alrededor y sólo encuentro objetos solidificados, congelados por el invierno supremo, perfectamente ajenos y exteriores; camino entre estos cadáveres, sin encontrar en ellos nada que pueda convertirse en palabra: he olvidado cómo se llaman. Cuando cae la noche, quiero mirar por la ventana a las casas de al lado y la ilusión diurna de vecindad se disipa, no aparece ninguna luz. Son las casas de nadie y nadie habita en ellas. Esta es una parte de mi vida completamente al margen de mi biografía. Tengo que conectar rápidamente mis aparatos audiovisuales para ser yo durante un tiempo el que vigile al mundo, en busca de un poco de calor inhumano.”

Frag. de José Luis Pardo

lunes, enero 07, 2008

Enero

Lucerito sin vela. (manu.)

Los ciclos, intervalos de veinticincominutos. Las vueltas.
En enero nos cubrimos con gruesos edredones. En éste no.
La ciudad se abre, incontinua, la tierra desaparece sin
la ilusión del que corre con la cometa, y los foquitos
se destornillan o se funden, y se quiebran con piedras
en el territorio de nadie. Los ojos se empañan, se me
llenan de polvo; entonces el detonar a lo lejos hace volar
los albatros, incursionan a los centros artesonados de
tramposas edificaciones. Escarlatas tan lejos. Más allá
del océano y en el cielo ya nada. Enero me persigue. La
tradición se guarda en una cajita, y el tiempo se espesa.
Hace falta mover las piernas, faltarle el respeto al
impulso que dejan caer estas palabras. Complejidades—dirías.
¿Qué hay entre esto y dónde no estas que no te siento aquí vida?
Parece que floto entonces, y oigo las carcajadas de los hombres,
dejan su camuflaje, desaparecen. El cuello entonces se me viene
abajo como uno de pato, y siento las tiritas, los cortes como
estrías surcandome el cráneo. I need to skylight... El estuche
está vacío, hace falta allí la mano; esta mano triste que observo,
de dedos que se curvan, de pliegues que liberan antiguas caricias,
y entonces empieza a erosionarse; esta mano seca como una tinaja
sin agua. Ah, enero, tan de repente te olvido y me ladras tu vuelta,
impertinente, seguro.