miércoles, agosto 27, 2008

Pink moon

Esa vez viajamos despacio. La luna rosada agrandó nuestra alegría y despistó el cansancio. La verdad se deslizaba en el piso. Húmeda tú, de fragancias lejanas. Apenas entreveíamos a los habitantes. Ajenos al exterior: cerraban ventanas, cerraban cortinas. Sonidos de campanas— creímos estar cerca del centro—dejando la periferia, volteando tus ojos de la luz. Ni el frío, ni el hambre nos inmutaba, pues había mensajes con tinta cerca de allí: instrucciones para sobrevivir la noche, lenta y alta, entonces oscuridad como maquillaje de tus ojos. Nos atrevimos a cortar el silencio y las palabras que pronunciamos ahorita se añejan allá: discurren sobre la arcilla de los muros, y tal vez esa, la que dejaste sobre el antepecho de la ventana, nos señaló el camino que iluminó de emoción todos los instantes.


lunes, agosto 11, 2008

Si me permites ser cursi

Para Maribel, con todas la ganas...

jueves, julio 31, 2008

Sobre-mate

The smell of moisture in books, on concrete, in trees, in my closet, in my hair.


Las mujeres sobran, la hierba mate no. Pero cómo decirlo para que sea claro. Tal vez por eso me gusta, porque no es claridad en la boca, como un beso arrebatado del que te acuerdas. La hierba posee el agua, la va haciendo exigua, parece explicación de que todo tiempo es pasado, fugaz; de que el instante lúdico del rito se completa a cada sorbo. Cuando empiezo a cebar, finos pedazos de hojas atraviesan la bombilla empachando de gusto la boca; la garganta que desde dentro anhela besos de ventrílocuo… debería callar. Pero la experiencia lo amerita. Me imagino solo—así una experiencia te sabe más—sólo en la Sierra que me impone, cargando la cruz de malta que mi amigo Yoztaltepetl, bien supo llegar acá. No hay nada, y los recuerdos lo embellecen todo. Pienso en las gradas informes y el sol quemando el cuello en Guanajuato, en el tapado ojo de la luna de San Luis: el recuerdo casi real, mítico. Proliferan sabores, el amargo de la despedida tensa, este sabor que liviana mi cuerpo, entonces parece que exudo formas de flores y de aves que vuelan allá donde ocurrieron los recuerdos. Saboreo, cebo, pues, solo, en este rincón gris donde acomodo la vida, por ahora.


miércoles, julio 23, 2008

Él, mismo todavía.

El rompimiento lo conminó a estar largas horas en la oficina. Él, mismo todavía. Afuera los cambios transcurren en diapositivas, proyectadas sobre muros sin ojos. La patina cae con la lluvia, lava su superficie, arruinando anuncios, transformándolos. Entonces, más viejos, más naturales, casi pétreos, perecen levemente en la ciudad. Aprieta sus ojos, como queriendo no ver que empieza el día, pero hacer eso le evoca recuerdos: se vuelcan las lágrimas hacia dentro, se tensan, se rompen y los deja salir. Existió, tal vez. Entre papeles y hojas de reciclaje, clips, lapiceros, gomas, materiales nobles, demasiado desechables, en una oficina, él, mismo todavía, se está hundiendo, arenas movedizas para olvidar. Trabaja, pero no se da cuenta. Piensa en las horas agradables en que olvidado del teclado, acariciaba su cabello triste, el de ella, la ausente, el alfiler que se hunde en sus uñas cuando escribe, que le pica cuando dobla una hoja.

miércoles, julio 09, 2008

Agua lenta en el país llano

Te extraño Berlín

Te extraño Barcelona

Lugares que husmear, pero sin extensión. Agridulce noche lluviosa.

Mutantes los objetos salen de mí.

Las piedras cartesianas del camino.

Te abrazo Berlín

Te abrazo Barcelona

jueves, junio 26, 2008

Sólo estar...

Es junio, las ramas de las acacias todavía aferran a su carne las flores. La peña, la raíz, el fuego. La sangre que viaja. Ella y la luna. Samba triste en los auriculares. La numerología romana. El hilo que se añade a la camisa. La temperatura: precisión que permite multiplicar las imágenes almacenadas; hace tiempo, todavía siento el frío. La orientación poniente de la fachada quema las paredes blancas, un sueño preciado: Lisboeta. Por extraños caminos se han ido los viejos amigos. Siento su tremenda falta. ¿Alguien que camine conmigo esta noche? Las mujeres pasan con sus labios despintados, con bolsos punteados; los hombres beben las chelas, las luces se quedan mientras avanzo. Mirar me desaparece y me aparece. Esto es consecutivo.

viernes, junio 20, 2008

Entonces escribió para mí.

...estoy intentando escribirte con todo el cuerpo, enviarte una flecha que se hinque en el punto tierno y neurálgico de la palabra. Mi cuerpo incógnito te dice: dinosaurios, ictiosauros y plesiosauros, con un sentido tan sólo auditivo, sin que por eso se convierta en paja seca, sino húmeda.
Mis desiquilibradas palabras son el lujo de mi silencio. Escribo porque deseo hablar enormemente. Aunque escribir sólo me esté dando la gran medida del silencio...

*C.L.

sábado, junio 14, 2008

lunes, junio 09, 2008

Trío

Te lo dije, recuerdas... Habíamos ido a la Plaza, el paseo vespertino. Si no hubiera sido por el clima, la naturaleza del tiempo, las inquietudes, los caprichos. Íbamos los tres: Marco, tú y yo. Si no fuera porque Marco sugirió el helado, que era una promesa de amainar el calor. Sin sospechar que ese aperitivo fugaz, que ni siquiera mitigó el tiempo, nos cambiaría. Eso estaría bien, decía con sus gafas puestas, objeto que lo hacía ausente y presente a la vez, porque a través del óvalo oscuro podía mirarnos, ser testigo, juez. Total, si no mirábamos sus ojos, era como si sólo estuviéramos los dos. Tú llevabas esa blusa que compramos meses atrás en Santo Domingo, los labios carmesí, pero el clima te abochornaba, parece que te sedujo al momento la propuesta de Marco, la insinuación del helado, y yo, por prolongar tu sonrisa me ofrecí a ir por ellos. Atravesaría esa calle donde el destino empezó a mover sus infames piezas. Más fácil que me hubiera ocurrido un accidente: un automovilista alocado, un chicle en las suelas de mis zapatos, un grito tuyo, de esos que me decías por las mañanas: quédate aquí, pero no... no hubiera ido, o quizá... Pero esto, esta acción que vaticinó Marco al momento de hacer la sugerencia, me condenó a desoírte a desmirarte. Por qué no me detuvo alguien, algún despistado peatón, algún poli para infraccionarme por caminar rápido. Por qué tuve que agobiar tu sonrisa, si ya estabas contenta, para qué más. Por qué siempre este sentimiento de insatisfacción, en todo momento. Si estamos tristes tratamos de sentirnos más tristes, si alegres, también lo hacemos. Crucé la avenida y llegaban a mí los recuerdos: papá despidiéndose cuando el bus se iba por esa misma calle donde ahora pasaba, los recuerdos los imaginaba como canicas que salían de mis bolsillos rotos: ese primer sueldo que me metí al mezclilla estimado, que se perdió entre el ir y venir de los paseantes. Las veces que te esperaba, que te cantaba, que te hablaba parco y con la cabeza gacha, porque me intimidabas hasta tal punto, que a veces me daba miedo mirarte, sufría cuando tu presencia envolvía mis pasos, sin embargo estaba feliz de que te fueras conmigo. Como aquel paseo a Pachá, aquella caminata que duró varias horas y nos recostamos vencidos por el cansancio en el vientre de la pirámide, y me regalaste colores, y me hiciste besos en la piel, yo estaba muy contento, y entonces, miré ese abismo delante de nosotros, cómo es la naturaleza--dijiste--y me dio miedo, me asustó tanto creer que te morías, que podrías estar cayendo a ese abismo de ausencia, a ese abismo cuando no estabas tú, al abismo de un futuro sin ti. Pero me reías, me abrazaste y alejaste todos mis miedos.

ps. primero

miércoles, mayo 28, 2008

Almut

Sonido aquel, voz que viaja. El silencio de los que trabajan es el sonido de sus herramientas, el golpe del martillo, los nudos del alambre, el choque de la pala horadando la arena: estrías en la superficie, modificada. Silencio alto, tranquilo, como el viento que golpea la copa de las palmeras, donde los ojos multicolores de los bichos me reflejan de mil maneras.

viernes, mayo 16, 2008

Algodón de azúcar color rosa.

Es la noche, yo escribo las cosas. Todas las noches las acacias mueven sus ramas. Cada noche como cada capítulo el aire recorre los mismos turnos, y yo camino por esta avenida un pie tras otro. Todas las noches las mismas pocas palabras, repaso los deseos del día, enumero lo que dije, lo que pasó: no como un catálogo de eventos, no como una clasificación que pudiera llevarme a la desesperación. Un bosque entonces. Bellos árboles que arden en la noche. Y los señores cantando con las manos embarradas de tizne, de la ceniza. El humo en el cielo, debajo las estrías de fuego devorando las hojas, el tronco de veinte años. ¡Qué dulce la alegría de los señores! ¡Cantan! Por supuesto, aprietan mi corazón. La tristeza siempre despierta mi corazón y otra vez llamas por todas partes. Pero ¿qué soy yo? Apareciendo en la noche, interrumpiéndoles, sólo soy un escritor. Yo escribo las cosas, mientras ellos me hacen sentir como si estuviera tragando vidrio, frotado contra los ladrillos. Estoy aquí viendo la respiración del fuego, viendo cómo apuñala la cima de los cerros. Mis ojos son como linternas, es la noche, muy oscura y puedo verlos. ¿Estás allí corazón? ¿Este micrófono que escribo tendrá voz? Simplemente el cielo, simplemente las estrellas desaparecen mientras los camiones pasan y en cámara lenta se extingue su corazón.

miércoles, abril 23, 2008

Personal

No está lloviendo. Acabo de llegar de dar la caminata con mi madre y el perro. Pero ya había llegado antes. Había cenado con mi padre, quién mucho antes me había dicho que era probable que por la noche estaría cenando solo en el puerto. Por eso al atravesar el jardín que comunica a la casa entreví su presencia añeja en el sala. Silencioso y meditabundo, descansa repantigado en el sofá. Lo anoto porque acaba de pasar. Después respira, agujera el espacio con las palabras que pronuncia: frases sordas, lentas, que pareciera estar leyendo un silabario. La casa duerme con nuestra presencia, contrario a lo que dice Siza; la casa es un gato negro que escucho ronronear. Esta es una de las cosas por las que ella procura la vigila, teme—no lo sé—que entre el amanecer y el perezoso despertar la casa se levante y se vaya.

martes, abril 22, 2008

viernes, abril 18, 2008

Not

Luces afuera. Los ojos se chispan. Rachas de viento en estrechas avenidas, viejos intentos. Vecinos comunes que se encuentran en los comederos públicos. El italiano cantante, ignorado, de ojos tristes, de español torpe, canta en italiano y hace una señal con la mano, como de ele, para anunciar que cantará ahora en francés, ahora en español, ahora en su lengua. Ante las burlas, él sonríe; ante la soledad, él canta. Sólo eso hace. Lo miro, y me entran las ganas de sentirme él, loco, extraviado en esta ciudad ignorada por los mapas, por las rutas de viajeros. Gracias, joven—me dice cuando dejo en su sombrero un dulce, después me alejo escuchando pronunciar sus acordes quejumbrosos. La plaza también tiene luces, él es la más luminosa. Dejo pasar la comezón en las costillas, dejo que me rebasen, dejo que el automóvil pase antes de cruzar la avenida. Cosas vanas. Paseo, me quejo, regreso. Pero ¿qué es esto de regresar? ¿A dónde? Invento un camino para poder decir que vuelvo, tuve que salir de ello, para sentirme muy cómodo al llegar, y estar aquí. Lo último es la página, el límite que pongo, el límite que perforan las palabras. Redundancia, diría Germán. Y ahora las cosas insolentes, las cosas que pesan, las que están detrás, guardadas y que a fuerza de tiempo se ponen más bellas. Y cuando digo peso, hablo del peso físico de los objetos, de la atracción hacia la Tierra. Pero hay un peso en mi cuerpo que no cae, que se demora dentro, sin que pueda irse a ese axis-mundis maya. Es un peso que se eleva como un globo, que me inflama, proclive a la lluvia, esperanzador del cielo y de la noche. Peso que me hace tambalear, como si un dios me acercara demasiado su aliento. Pero el camino estaba solo, siempre así, no sucumbí, y lo avancé, y escuchaba mi soledad, y cómo es de sonora, mis zapatos parecían cascabeles, el viento era desviado por mi cuerpo, lo natural y artificial era nombrado, existido; y estando tan solo pensé en ti, y existí entonces. Llegué a la casa. Dialectos llueven en la sala, con una lucecita mínima, casi perfecta, como si no hubiera muros y estuviera afuera. No hay cuadros decorando las paredes, ventanas simples, vanos que nos dejan pasar para tener la sensación de las dimensiones: lo minúsculo del lavabo, lo esperanzador del patio, alto, hasta el cielo. En fin, palabras, inicio y término, palabras.
here
Seurat

jueves, abril 17, 2008

XII

And were you lost, I would be,
Though my name
Rand loudest
On the heavenly fame.

And were you saved,
And I condemned to be
Where you where not,
That self were hell to me.

So we must keep apart,
You there, I here,
Whit just the door ajar
That <> are,
...

ED

martes, abril 15, 2008

Antifaz

yo no podría verme aquí. enhiesto.
se cubrió.
las cosas se cubren.
alfombrita de polvo.
se limpian o se tapan con manteles de trattoria.
con plásticos de papelería.
metros exactos dados por manos finas.
frías como álgida mañana de Ciudad.
se hace tarde.
se descuelgan los ojos de la cara.
se desgajan sobre el pasillo los pasos de los señores.
lo cubren,
lo tapa el sonido de sus pasos.

lunes, marzo 31, 2008

Shape

Sign
"Un álamo y un baobab durante la noche, cuando nadie los ve, conversan sobre fotosíntesis, sobre ardillas, o sobre las numerosas ventajas de ser árboles y no personas o animales o, como ellos dicen, estúpidos pedazos de cemento. Ahora mismo, refugiados en la soledad del parque, los árboles comentan la mala suerte de un roble en cuya corteza dos personas grabaron sus nombres en señal de amistad. Nadie tiene derecho a hacerte un tatuaje sin tu consentimiento, opina el álamo, y el baobab es aún más enfático: el roble ha sido víctima de un lamentable acto de vandalismo. Esas personas merecen un castigo. No voy a descansar hasta que tengan el castigo que merecen. Recorreré cielo, mar y tierra persiguiéndolos"
A.Z.

miércoles, marzo 12, 2008

El momento

Empiezo por decirte palabras, que se mecen en el viento y deciden al instante ese qué pasará de los cuentos. Correteo tu figura con el pulsar de mis dedos, te acallo porque desato el corsé de tu boca. Desisto y resisto mantenerme cerca, silencioso como una luciérnaga, vivo de tu repentina luz. Te escapas. Me engulle la noche de precarias estrellas, sin cimas para ondear tu nombre. Los gritos se pierden en el espacio de la distancia. Invisibles, nos acostumbramos a no escuchar, a desandar el camino en un atroz ataque de pesares y de alegrías. Sí, ese siempre inconexo en el que te encuentro y te escapas y sigo sin entender el porqué. Desisto y resisto los instantes sin ti. Sin tus maneras de andar por la habitación, por la avenida. Sin poder verte peinar el cabello, las líneas finas de tus ojos. Sin lograr responder a tus miradas con múltiples besos como constelaciones misteriosas. Me acallas, no dejas de interpelarme Silencio, bandido amigo, compañero de viaje, amigo incondicional de infancia, de ciudades de pecho gris pero con ese reflejo a jacaranda en sus ojos: ventanas extraordinarias, donde se fermenta la tristeza y este mío, quieto instante en que tú, fugaz me nombras. Estas palabras no significan nada sin tu poder: maravilla mítica. Tu cabello interpela al viento, te despeina, entonces creo que el lenguaje es un espectáculo sin palabras. Mi respiración se acaba, preciso quitarme la escafandra, bucear a la superficie de tu rostro, mirar la noche y encontrar todos los resquicios en que vos estás.

sábado, marzo 08, 2008

Amanecerá

Multiplicada en los charcos, con tonos de jazz en sus pasos: Tete Montoliu, Count Basie y Tommy Flanagan. Las calles son el alma de su cuerpo. Nuevas calles, viejas calles medievales, renacentistas, modernas. Influencias musicales le hacen engendrar estrellas. Su cuerpo es un mapa celeste. Y preciso, en este instante de una cola de pavorreal para mirarla, porque sólo tengo estos ojos atentos en la página. De sus noches húmedas sólo tengo sus sueños. De las lenguas que mordisquean en alemán a la niebla, que tararean los hitos de la ciudad en catalán, que descansan con un bocado de francés en el paladar, que susurran poemas en español mientras los ambulantes cantan una serenata en italiano, y el chico dice taxi, bajo las luces de neón poblada de palabras anglosajonas. Entonces vira en la esquina. Se oculta: perla en la ostra. Vendaval el sueño en sus ojos.