jueves, agosto 04, 2005

Mi mano sobre tu espalda

1
La muchacha que recoge conchas

Hoy he visto salir una mano desde el fondo marino, pero para mí era la mano que tomó la mía. Lunes, el martes los acertijos, el miércoles... el jueves, los días cargados de significados: mensajes tan difíciles de comunicar a mi hermana, a mi gato, a mi padre o a mi madre. Definir, traducir a palabras, pero que por eso mismo tú te me presentas decisiva; viernes, sábado, domingo. Son días, anuncios que se refieren a mí y al mundo a un tiempo en que tu silencio mira el trocito de playa, al momento en que marcabas la arena, con tu porte inconfundible: la cabeza alta, el cuello erguido, como orgulloso, en que las cosas no saben sino hablar de su ausencia. Y es de verdad que ahora no se es nada, sólo un juego de espejos en el que nadie se mira. Recuerdo la presión de tu mano, la fuerza sumergida, esa preciosa sujeción tuya de tantos minutos, momentos en que era dirigido a ti. Pero, ahora estoy solo y puedo ser yo, no recordarte: indefinirte, pensarte, usar mi pulmón izquierdo, guardarte en mi corazón, oírte en mi cabeza; dormir con la cabeza tapada, quieto, esperando que guardes un trozo de mí en tu memoria. La vida no es como una canción de Robie Williams—le digo a Yoli—, la vida ahora me hace levantarme a cerrar la ventana, sellando el cuarto de las paredes lilas, en que escribo y lanzo pedradas a tu laguna.

lunes, julio 25, 2005

Compañía


Julio: del color de mi piel

martes, julio 12, 2005

Estás en mí

Sábado por la mañana.
almost-fiction


Después de ella todo faltaría, las alegrías casi perfectas en todas partes ofrecidas a los ojos, las caminatas a pie lentamente con pasos irregulares y largos minutos perfectamente felices, los paseos entre dos árboles y jardines abundantes de césped raro, de flores diminutas, -que él le regalaba-, de estatuas ingenuas, de veces que soñaban con silencio; rincón extraño en la ciudad de México en el que podía ocurrir, en otoño, después de una lluvia, que ascienda un olor, intenso, a bosque, que a ella le encantaba. Las visitas de cinco minutos a Quijano, las compras apuradas en la tiendita de Doña Martina, que llenaban las gavetas; los estantes semi-vacíos, ocultos, apenas visibles por la luz roja de la persiana. Aquí esto, allá aquello, allá y más allá de allá; nada quedaría, sólo la pared y las puertas, la cortina rota, el espejo de hechicera roto, los restos de un plato de porcelana, una bombilla negra, el azulejo cuarteado, el graffiti tinta azul con el nombre de ella en el fondo del lavabo que aún conservaba el grifo cuello de cisne; el vidrio empañado: lleno de puntas de sus dedos invisibles. La cerradura forzada apenas dejaría penetrar el cuerpo en el espacio, insoportablemente lleno de ausencia: falto de los libros que abriría para leerle, falto de los cuadernos en que le escribiría una carta y falto de los discos que escucharían; y se daría cuenta de tanto piso, de las marcas que quedarían: una silla estuvo aquí, un librero, un florero; de recuerdos -porque los recuerdos llenan los vacíos, reavivan la ausencia- corrió seis y dos cuadras del barrio cargado de orquídeas, siendo los viandantes todo-ojos, y él con las pesadas manos llenas de flores avanzaba para dejar una en el florero. De manchas perfectas en la duela gastada que, delinearían precisas -como planos arquitectónicos- la forma de la planta de un sofá, las patas de la cama y las que proyectaban la mesa. De imágenes estáticas, sobre todo recordaría allá dentro que a ella le gustaba el cine, le gustaban las imágenes, a poco que fueran bellas, a poco que le arrastraran, le encantaban, le fascinaban. Que a ella le gustaba la conquista del tiempo, del espacio, del movimiento, y a él le gustaba el vértigo de las calles de Nueva York, el torpor de los trópicos, la violencia de los 'saloons'. Y después saldrían de la sala con pasos sincronizados, repitiéndose, colgados de sus manos.


Agustino

lunes, julio 11, 2005

Pa' Fuera Telarañas

Tu silencio
Bebe

Como quien tira de una cuerda que se romperá,
tirar, tirar, tirar, tirar, tirar...
Como sin darse cuenta rozar un poco más,
los ojos aún cerrados para no afrontar
que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.
Que el aire es de crital,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.

En una esquina de su boca se dejó estrellar,
como la ola que se entrega a la roca,
perdida en el abismo de unas manos sin final,
tan grandes que abrazaban todo su planeta.

Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí,
pero el silencio es la más elocuente forma de mentir.
Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí,
pero el silencio es la más elocuente forma de mentir.

En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.
Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abrázame para que piense alguna vez en ti.
Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abr�zame para que piense alguna vez en ti.

En tu siilencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.
En tu siilencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.

Que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque mis labios no hablen,
te quiero devorar.

abrazo a ti

viernes, julio 01, 2005

Eco

Salvapantallas
Jorge Drexler
Tengo tu voz,
tengo tu tos,
oigo tu canto en el mío.

Rumbos paralelos,
dos anzuelos
en un mismo río.

Vamos al mar,
vamos a dar
cuerda a antiguas vitrolas.

Vamos pedaleando
contra el viento,
detrás de las olas.

Tengo una canción
para mostrarte,
talvez cuando vaya...

Tengo tu sonrisa
en un rincón
de mi salvapantallas.

Años atrás
de pronto la casa
se llenó de canciones.

Músicas y versos
que brotaban
desde tantos rincones.

Vamos al mar,
vamos a dar
guerra con cuatro guitarras.

Vamos pedaleando
contra el tiempo,
soltando amarras.

Brindo por las veces
que perdimos
las mismas batallas.

Tengo tu sonrisa
en un rincón
de mi salvapantallas.


a ti

martes, junio 28, 2005

Climático

“Ella se casó con un buen muchacho que tenía una casa con un balcón, una bicicleta pintada de blanco y una radio en la que en días claros se podían oír los radioteatros que transmitía L.L.L.1 Radio Magnum de Entre Dos Ríos, y bailó el vals calzada con zapatos de raso blanco. El día en que tuvo su primer hijo apareció una yema de un verde muy pálido a orillas de la gran laguna.”
"El inconfundible aroma de las violetas silvestres”
ANGÉLICA GORODISCHER
Llueve, no sé si interese la apreciación meteorológica, mas pasa así. Llueve silenciosamente cadenciosamente: gotas grandes minúsculas caen recaen antes de que gire la manecilla del reloj después. Llueve desde el jueves por la noche, no cesan de aventarnos “jicarazos” del cielo (leve recuerdo de un cuento de mi padre). Llueve intensa apretadamente sobre la tierra toda. ¡El ritmo de techos! Cuando las señoras vestidas de niebla descienden de los cerros sólo es para tender ese manto espesísimo que avisa la noticia, que corre como reguero de pólvora—¿qué escribes inti? (la pólvora es arqueología)—¡Llueve de una vez por todas! como por terrible inercia como si se estuviera en un imprevisto eclipse.
Llueve:
S
E
I
S (otoG)
C
A
E
N

Protagonista y en camado

CINE... Korea, 2001

Ella es una actriz
Se seca y mira el mar
Se viste de plata
Nadie la viene a buscar

No espera que toque el timbre
Se monta en su convertible
Y se va, ya verán

Qué se puede hacer salvo ver películas
Sueño con la actriz
Que se seca y mira el mar

Mi corazón es de ella
Mi mente está en las estrellas

Sobre la T.V. se duermen mis dos gatos
Salgo a caminar para matar el rato
Y de pronto yo la veo entre los autos
Justo cuando la luz roja cierra el paso

Me acercaré al convertible
Le diré quiero ser libre,
Llévame, por favor
Qué se puede hacer cuando las estrellas caen
Qué se puede hacer salvo ver películas.

Charly García, Qué se puede hacer

El fin de semana, mi hermana alquiló una película para mí: Quisiera tener una esposa, de Park Heung-shik; la disfruté mucho y una vez más fui victima de esa maldita afección del corazón; me enamoré de la protagonista: Jean Do-yeon... qué lástima está ella tan lejos.

Jean Do-yeon

Para ti: mi abrazo

Red & Blue

Quizá ya lo hayas visto.
Me ha gustado muchísimo.


Gracias Sandra.
www.haringkids.com/master_act_color.htm


jueves, junio 23, 2005

Pensamento

En ti, sólo pienso.
En teu bonita.

e s p e r a r
s a l t a r
a d i v i n h a r
n o m b r a r
e x t r a ñ a r


Sandra S.

miércoles, junio 22, 2005

Cinema

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento
todo es mentira, mentira ese lamento
hoy está solo mi corazón.
Gardel – Lepera, Sus ojos se cerraron


Me gusta su voz. Su gracia tiene que ver con cierta aspereza suave. Su tono juguetón y distendido. Me gusta cuando aparece y creo que no aparecerá en las mañanas, y entonces me adelanto, me levanto más temprano para pensar que así pueda aparecer. Sus frases entrecortadas y su saludo dejando ver la palma bien abierta avisándome que es ella y no ella—la de allá: encima de su hombro—. Y dice su nombre para que en verdad la reconozca y deja claro que es a mí a quien le habla, con su abrazo. Con su reloj, aclara la hora,
—a las 6 con 30...
la cita empieza... Me gusta también cómo le cae el pelo sobre la cara o cuando me cuenta que no quiere que se note que pasó por la peluquería. A ella también le gusta su cabello. Me gusta cuando frunce la nariz—¿es idea mía o frunce la nariz cuando está en desacuerdo con algo?—; también cuando sonríe. Hoy me hizo sonreír, primero eligió “Madagascar”, film animado por tres pingüinos
—“callados y felices... callados y felices...” (algo así decían, algo así ella decía después por tantísimas calles que me fue enseñando...).Segundo, sus largos pasos, porque tiene las piernas muy largas. Y hay terceros y cuartos, por ejemplo cuando sugirió quién debería pagar el café, quién las entradas de cine. Me entusiasma pensar en las pequeñas obsesiones que intuyo en su vida, la disciplina que imagino en el discurrir de sus horas.

sábado, junio 18, 2005

Tarde

Las líneas del perfil se pierden entre nubes que bajan, desaparecen los bordes, eso que le llaman el finisterre. Las antenas de radio, las torrecitas descarnadas, las levísimas puntas y marañas de cables que se acercan, precisan de la vista breve. Todo desvaneciéndose porque-también-cae la noche en un sueño todavía oloroso, todavía apenas. "Cuando las nubes descienden tanto a los cerros, es porqué están haciendo el amor la Tierra y el Cielo", decía el abuelo del gringo, mi amigo, mi más bello y mejor amigo: su cara era una fiesta: alto, plateado como una escama de mújol... Y se siente el frío éste, de estar allí, en el vacío húmedo solitario que me aleja de eso allá, para ver. Para que se haga la vista y a la superficie salgan los nombres y recuerdos, nostalgias; melancolías de cuando niño en el pueblecito se miraba así, -allá llovizna -dicen fantasmas en mis voces dentro, rostros irreconocibles, timbres que reverberan en las anfractuosidades de la montaña que se mira; acá en la equis del corazón. Y uno miraba acercarse la lluvia, con temor incierto, sin angustia, con la emoción con que te espero a solas, para refugiarnos en una de las tantas casas inventadas en sueños y en palabras.

"Desvaneciéndose"

jueves, junio 16, 2005

Daff

Lo mejor... las palabras de ella.

Sandra T. y Big Fish.

martes, junio 14, 2005

Aretes

En ella... el recuerdo de tus joyas, una la llevo cerca a mí, entre mi corazón...

En el fin de toda noche como esta, fuimos invadidos levemente por una lluvia agotada, sin la fuerza necesaria o fue furia la del viento más, porque cesó pronto, casi como la instantánea que nos tomamos en la azotea..., de tarde. De nuevo podría comenzar-dicen-porque calor hace, porque el gato con temor ha vuelto, porque ventanas algunos cierran, porque corren en la calle sin paraguas, porque algunos se besan bajo estrechos toldos: se esperan... dilatando su amor en sus bocas en sus labios secretos, de un rojo negro; en penumbras esperan retardarse en una lluvia que no empieza. O fue la repentina mala suerte, de unas ganas, de mis ganas de llover y, sentir este cansancio de caer como gota, sin pender de pensamientos, de dormir... bien.

Gustave Klimt: The Kiss

domingo, junio 12, 2005

De mino y viola

(fragmentos)

En el triste solo quieto momento de pensar en ella. De recordarla en el silencio en que la oía, a pesar de la red de menudos ruidos que lo envolvían. Su silencio tranquilo y el silencio de ella que se oye, rodeándolo por murmullos pasados ya, por cantos de sirenas luminosas que veía, abajo en la vía, en silencio pasar. Conteniendo la respiración, suspendiéndose, estaba alerta del paisaje circundante; como si en cada oscuridad más densa asomaran puntas de estrellas allá donde es más lisa la superficie del cielo. Y esto servía para avivar sus recuerdos. Se abrían en el silencio como una ostra hasta el punto de que ella se fuera revelando como un distinto planeta o una palabra nueva. Entonces se gritaba por dentro la palabra de su nombre, se gritaba invocaciones poemas versos. Un eco largo avanzaba en la oscuridad de dentro de su cuerpo, siendo ella en él, siendo un silencio viajando adentro. Siendo sus ojos la noche. Sus ojos que siempre lo miraban en silencio, y él, contenía la respiración porque estaba en ella, porque había entrado a un mundo más allá de cualquier palabra, y en ese corazón de palabras había silencio.
Un silencio de calles empedradas separaban a las casas, y en las terrazas de ellas; en los balcones, había cantidad de Minos pensando en su Viola.


"Melancolía", fotografía de Amanda Ruiz, de
su estancia en Buenos Aires.

Mensaje

Me siento para contestar en la tranquilidad y soledad el mensaje-tan esperado-mis ojos empiezan a partir-se, quebrándose... casi no puedo parpadear. El dolor transformándose, avanzando en mí, como hormiguitas arrancando pedacitos de mí, quedándose. Apenas puedo escribir, ¡imposible escribir un poema! Procedo con las gastadas palabras: los mediodías larguísimos, my bad poetry... Cómo me ha afectado, hay palabras que alejan, y esa es tan blanca como el paisaje polar de esta hoja. Me corta, me parte; divide mi silencio... hace más ancho el hueco que siento. Y solo quedan las ganas de llorar, quedan segundos últimos, sitios inexistentes que cristaliza la memoria: cada calle contigo, cada metro contigo, cada escalera contigo, es decir: desde que estabas. Los ojos miran el suelo pisado 'sin', un suelo sin la 'diamantina' que dejaban tus pasos. Quizá en otro tiempo; quizá, todavía, en este tiempo en que trato de acoplarme al ritmo del universo. Me he tardado escribiendo planas y planas de letras que no sé... Me he demorado en noches de tormentas tachando una palabra que me duele, y las horas extendiéndose tanto al recordarme sentado veinte centímetros por encima del asfalto: esperándote con los ojos empañados.
Qué manera de hacer viento. Cada vez viento más, como han sido todas las noches acodado en el balcón de la terraza, esperando el triste solo quieto momento de pensar en ti.

viernes, junio 10, 2005

Tatiana Sereno

Partiste-te

Queimas, ardes, estilhacas o meu altar.
Foste o meu inti, foste o meu mar.
Foste musica, agora es so ar.
Es o po das teclas do meu corpo.
Quase sempre, mais do que devia,
vejo-te quebrar a luz do caminho que escolhes.
Ja es transparente, gelado e ramificado.
Partes-te.
De vidros nos olhos, estas partido.
Partiste-te.
Partes.
Partes para o mundo dos cacos que nao se colam.



poemas para mim: Tatiana desenfocada.

martes, junio 07, 2005

La loteria es un juego similar al bingo...

Sandra

Proyecto de Teresa Villegas
Pintura al oleo, sobre

panel de madera en
gran formato.

lunes, junio 06, 2005

mino y viola

Estoy aquí, ya no en la ciudad, y es rara la ciudad sin mí. Aquí, en donde son claros los cielos, en donde camino por las calles provincianas y debajo de balcones que laten a bugamibilias..., debajo de acacias. Las cocinas, los negocios empiezan a abrirse, y de dentro empiezan los sonidos. Es raro, son voces pequeñitas, no es el sonido del metro. Una señora compra un jugo, en vaso rojo, de naranja, la peluquería aún no la abren, la muchacha a la que le pregunté la hora: 8:47, reloj móvil. Los novios también se levantan temprano, caminan como lo harían por las tardes: de la mano, se besan en los rellanos.
Quise pasear por atrás de Catedral, pero la ciudad ya no está aquí; soy solo y ciudad, cuando estoy en ella, caminando por vías, torciéndome en las esquinas, parándome enfrente de las panaderías, de esas de ventanales amplios; buscando esas redondelitas multicolores que alguna vez me contaste que te gustan, buscando otras calles, pensando en ellas: alguna vez pasé por aquí, contigo no pasé por aquí, aquí me dijiste esto, aquello; aquí sonreíste así, aquí nos detuvimos... No rodee la ciudad, solo aspire la vi poquito: cuando subió el metro (tres estaciones), y de noche: hay tantas lucecitas alrededor de la tuya. Hay lugares brillantes como barandillas en la mente cuando camino por la ciudad, en que recuerdo cosas que me contaste, lugares que recorrerás, que recorres sin mi, que no quise recorrerlos sin ti, intersecciones, bares pequeños, amores pequeños. Pero siempre que pase por esos lugares-cuando esté en la ciudad-en los que juntos anduvimos, sentiré la ciudad mía: nuestra.
Hoy uso mis zapatos de cuadritos (blanco rojo), piso los centímetros de tierra sin ti, piso lugares que no camine contigo. En la ciudad pisé con ellos 'tiempos', esquinas en las que te abrazaba, pisé parques en los que besaba tus besos.

miércoles, junio 01, 2005

Recorte

En la pared los recortes se desordenan con sus manos, se ordenan también con la suerte de un juego de dominó. No hay equilibrio entre las imágenes y textos que resaltan sobre el color del muro; encontramos el rostro reconstruido de Tutankamón y la última letra del alfabeto en gran tamaño, los zapatos de diseñador que usó una mujer en 'hartos' viajes; la portentosa pose del 'tío Víctor', cruzado de brazos, descansando en sí, despreocupado; el salto de dos contrincantes numerados, sonrisas ambiguas en los rostros de muchas mujeres, todas ellas con el negro anacrónico en el tono de sus faldas.
Cada imagen supone curiosidad, historias, sueños o simple ociosidad. Las relaciones se producen en el papel, en acomodar sus tamaños a las palabras. La 'zeta', por ejemplo, última en su fila, está ausente de la palabra que designa al faraón, éste, por el azar o el desacomodo, mira con su 'nuevo' rostro la aureola descubierta de una bellísima mujer, pero, su cráneo, ciego pesado y pasado se conforma con unos gastados tacones viajeros. Las posibilidades que el sentimiento y momento otorgan, forman un crisol de 'oportunidades' que, llenan 'esos' huecos en el estar, y en la pared; donde los recortes permanecen sujetos por milímetros de "diurex", por los toqueteos y miradas que se deslizan. El ojo los mira y relaciona, pero, es brevísimo el recuerdo. Apenas empieza a gestar el viaje del 'tío Víctor' a 'Faraónica', y basta un parpadeo para que le encimen el 'nuevo' que, la mayoría de las veces representa un opuesto. No hay ciudades fantásticas, hay imágenes recurrentes: de olvido, de horizontes, de extrañezas, imágenes que incitan a negar el tiempo, imágenes que niegan que exista una distancia. Así, el muro descolocado, transformado en trozos de mundo, es un recipiente transparente en donde todo en mínimo cabe.


jueves, mayo 26, 2005

Algo sobre Lis

Dos pesos le valió la vida a Lis. Cuando la conocí, llevaba ya cien meses sin hablar, un mutismo precioso, y a la vez terrible fue el velo que me la presentaron. En ocho años, recorrió toda la costa para llegar a la ciudad. Iba a pie, -me contó una vez, sacando de su talega papeles en los que escribía. Hacía descripciones de lugares imposibles, había mapas de rutas, geografías, dibujos de infantes y brazaletes de señoras; dibujos de sonrisas de sandías; indicaciones para poder encontrar piedras argentosas bellísimas, croquis de lugares exóticos y señales para encontrarse. Un día -deje de hablar -y seguía, sus ojos miraban lejos siempre. Al irse hablando, era como si se hablara así misma, como si se fuera reconociendo en su voz. -Hace tanto -con su voz bonita, y dulce como el lago en el que reconoció su rostro... -me volví a ver, ahora me vuelvo a escuchar. Dejaba brotar sus sonrisas, y se reía aún más porque miraba sus dientes entre sus labios... -blanquitos, de leche... -repetía, su timbre era hermoso, todo lo que encerraba su boca, se abría como la Pandora, y salían sus sonidos mezclándose en el aire y sus manos que no dejaba de mover, de mirar, de tocárselas. -Ellas hablaban, ellas veían, ellas caminaban -así eran las palabras que decía al ver sus manos. Las quería tanto, como enternecerse por recordar hablar.
En la ciudad vivía cerca de las autopistas, le gustaba el sonido de los autos al oscurecer, le recordaban las larguísimas jornadas en que caminó, sola, al costado de su mar. -Es mío, es mío, -una vez me dijo, con ese acento y egoísmo, entretejido por rutas y veranos en los que sólo se concentró en escuchar. Escuchaba mucho la noche aún en la ciudad, -ésta, tiene diferentes tonos, -me decía, pero nunca me descifraba esa magia que había aprendido, siempre su voz la cortaban pequeñas y exactas frases; usaba las palabras adecuadas, palabras que nunca he escuchado. La música en su voz, era, sobretodo, infinita, Sirena encantadora.
Por un tiempo se dedicó a escribir reseñas de libros. Después, temerosa por hacer aparecer a los desconocidos en sus artículos, decidió abandonar la palabra escrita, y se concentró en hacer joyas, precioso oficio que aprendió en varios lugares que la mar cortaban. Fue allá, en ese primer día de la semana, en que la mujer del silencio me habló. En mí, como nunca antes, vibró la intensidad de querer seguir escuchando a alguien, que, aunque no hablaba mucho, se dejaba escapar en su voz. Y era mágico, me convulsiono solo de recordarlo. Difícil encontrar a Lis en los renglones, su vida fue tan intensa y estos renglones me resultan parcos para expresar poquito de ella, mas aún, me conmueve saber que es imposible verla. Las imágenes, los sonidos, los recuerdos que conserva la cabeza son borrosos, nada nítidos ya, quizá, como lo fue su vida en la ciudad. Quizá, su vida costera y el camino de cien meses, también se iban borrando en cada noche y cada día en la ciudad. Dos pesos le valió la vida a Lis, dicen que dicen, que a la Sirena, la que gustaba tomar litros y litros de té y fumar sin descanso y sin placer aparente, después de escuchar el triste sonar de los neumáticos en la vía; la que no habló en ocho años, la más bonita y la más bonita voz de todos los domingos; desapareció en el bus, no bajó jamás... Me gustaría pensar que no subió jamás, sin embargo, siempre hace más intensa la forma de morir en las noches.