lunes, diciembre 31, 2007
sábado, diciembre 22, 2007
miércoles, diciembre 12, 2007
Ruiditos
jueves, diciembre 06, 2007
Con el anhelo dirigido hacia ti...
cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,
Tal vez fue algo de la puesta de sol,
o algún efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló
y no importó ya ni siquiera porqué,
Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también.
notas de pie de página:
1) letras: JD.
2) estado más o menos.
martes, diciembre 04, 2007
Después del punto
lunes, diciembre 03, 2007
miércoles, noviembre 28, 2007
sábado, noviembre 17, 2007
De ti
“Para algunos —¿qué no serán acaso aquellos afectados por el gen del pesimismo?— en este siglo XXI ya no hay nada más por descubrir porque aparentemente ya lo hemos hecho todo: hemos mapeado y remapeado al mundo, contado ríos y estrellas, censado animales y plantas, catalogado —o descatalogado— planetas, desplegado al hombre que somos hasta en lo más íntimo de sus estructuras y componentes… una tarea titánica empeñada en los siglos de los siglos sin pensar quizá que aquel mundo, en el palpitar infinito de la diversidad de sus componentes y criaturas, podía zafarse, desplazarse, interpelando tranquilamente nuestras grises letanías de nombres y definiciones, inventándose y reinventándose continuamente desde lo más secreto de los imaginarios rizomáticos”.
“Pero ¡cuidado! ¡Que quede claro que el artista no es Dios, ningún Dios!, porque Dios crea y el artista inventa. La invención prolonga la creación agregando a lo creado algo más misterioso, como una especie de futuro que ya se viene incluyendo a toda prisa al presente, lo fagocita, lo nutre y lo enriquece, reencantando a su paso un mundo azotado y entristecido por la razón. Me pregunto: ¿cuántos imaginarios de pueblos olvidados nos falta todavía por inventar? ¿A cuántos artistas tendremos tiempo todavía de convocar para que nos sigan enseñando a soñar despiertos? ¿Acaso se agotarán algún día las resonancias de las tierras de utopía?”
“...Estamos ya en los tiempos del paseo de la sirena. O de la conversación de las novias de la luna. En la visión de algún tipo de real infinitamente más revelador que todas las antiguas mimesis juntas, fecundado por la sorpresa del descubrimiento y del asombro frente a los cuerpos obstinados de aquel nuevo pueblo de utopía, abierto a la lenta pasión de un horizonte existencial todavía por definir. Cuando el artista se levanta, un pedacito del mundo se levanta con él, con su nuevo y reluciente traje de metamorfosis adscrito a otra circunstancia de génesis, sin ningún pasado inmediato por aquella región del mundo pero con muchos futuros por disponer en tiempos de nueva cartografía”.
texto de: Laurence Le Bouhellec
miércoles, noviembre 07, 2007
La ausencia de tu presencia
Llevamos los días bien largos, colgados en “conferencias”. Cuando le gusta algo se toca el cuello. Escucho a Rufus Wainwright:
y ellas usan cortaúñas bonitos. La gente sigue hablando del marco jurídico, de política, y está allí el texto de Touraine
—la “ai” suena como “e”—me dices, y me hace cosquilla tu acento...
que me dijeron que leyera y no quiero hacerlo. Me saco el confeti de las bolsas de la camisa. Me hace ilusión salir de esas “pláticas” y entonces caminar los dos kilómetros a la casa solo. Y tomarme ese café que me recibe calentito antes de irme a la cama; o imprimir un dwg ‘bastante pesado’, y entonces pienso que si estiro la spinline se dibuja tu sonrisa, y puedo acercarme a ti, sin ningún tipo de ofset, sólo, llenando el espacio con música, ahora, de CocoRosie (By your side).
imagen de Antonio Saura, mujer sofá.
sábado, octubre 27, 2007
Eres 'vos'...
No tengo sueño, todavía me faltan detalles técnicos en los planos. En los vanos intangibles que dibujo, se asoma el abismo negro de la pantalla que me hace recordar tu imagen; en los ejes, con su orden alfabético, con su colorcito verde, repaso una cronología de vidas que ya no están. Los quince centímetros con los que choco siempre se multiplican en el plano arquitectónico. Pero hay una estrella en la noche que me da lo más dulce, es ese tono afrancesado que tú llevas, es ese cómo.
miércoles, octubre 24, 2007
Ausente
Richard Blackmur
Sale sin diálogos, pensando en alejarse de este universo antropocéntrico. Cuenta las hormigas que se toman el agua de su vaso, el de color cremita que su hija le regaló. Va a la mesita, se sienta y mira las cosas que el hábito ha desgastado y cubierto de sedimentos. Encuentra relaciones inéditas, misteriosas. ¡Es mágico!—decía Germán—. Cuando escribe carga la tinta, se vuelve aproximativo, impreciso, lo hace adrede a propósito, otorgándose tajadas de vida. Su soledad es un término nuevo—¿cómo decirlo? ¿cómo explicarlo?—. Afuera, las luces del puerto mascullan invitaciones a ser voyerista. Afuera, de sus libros, los insectos gimen en la noche. Afuera, del campo visual de su visión, se prolonga su corazón hasta acá.
Retículas
Límite entre el espacio aéreo y el espacio ultraterrestre
1. El límite entre el espacio aéreo y el ultraterrestre sería aquel en el cual ya no existe atmósfera desde el punto de vista científico. La dificultad práctica que existe con esta teoría es la imposibilidad de precisar las fronteras de la atmósfera, ya que ésta no es uniforme, sino que comprende diversas capas.
2. Otra corriente sostiene que la soberanía estatal se extiende hasta aquella altura en la que es posible la ascensión y el vuelo de una aeronave en la atmósfera. La dificultad que ofrece este criterio es que el creciente progreso tecnológico en materia aeronáutica eleva constantemente la altura máxima en la que es posible volar. Otro problema, además, es el uso de ciertos tipos de máquinas híbridas que pueden volar como aeronaves mientras exista reacción aerodinámica, pero también pueden, con un sistema distinto de control, ser operadas como naves espaciales en ausencia de reacción aerodinámica.
3. También se sostiene que el límite entre el espacio aéreo y el ultraterrestre está constituido por el límite de campo gravitatorio de la Tierra, es decir, donde se desvanece la atracción terrestre y comienza a predominar la de otros cuerpos celestes. Este punto de vista ha sido criticado debido a que se extendería desmesuradamente la soberanía estatal, ya que se estima que la atracción terrestre alcanza hasta una altura de 260 000 kilómetros, en donde recién se produce el equilibrio con la atracción solar.
4. Para obviar estas imprecisiones y divergencias se ha postulado como límite máximo de soberanía y comienzo del espacio ultraterrestre una altura fija de 90 a 100 kilómetros. Este punto de vista tiene la ventaja de fijar con certeza un límite aplicable a todos los países y permite determinar con suma facilidad si un objeto dado se encuentra en el espacio ultraterrestre o bajo soberanía estatal.
En ausencia de un límite preciso, la opinión mayoritaria considera que el espacio ultraterrestre comienza por lo menos a partir de la altura más baja en la cual un satélite artificial haya sido colocado en órbita alrededor de la Tierra.
Tomado de: Ortíz Ahlf Loretta, Derecho Internacional Público
lunes, octubre 22, 2007
Cíclico
domingo, octubre 14, 2007
Cosas
viernes, octubre 12, 2007
Único
Imagenes de la obra "K", en Chilpancingo.
domingo, octubre 07, 2007
12:54 y 1/2
Comenzaré por escribir las palabras que recuerdo, las prolongaré en la pagina: las planizaré. Pronto se irá la pequeña noche que ensancha las horas en el pueblo, y llegaran las cosas vivas nuevamente a tropezarse conmigo. La cama me espera. Tu voz me alcanza las manos. Tus letras son como ríos en mí: fluyen, se calman, rompen... Distancia de cerros y de árboles nos acercan, los colores del sueño; nos besamos para despertar las estatuas: tú, de tu ciudad de templos y palacios; yo, de este pueblo repleto de capillas blancas y de santos. Quisiera acércame a vos y ser tu espacio
—rodear el tiempo...
ensanchar tu sonrisa; deslizar mis dedos en cada vertebra como en un piano. Las palabras me persiguen, hundo las manos en los bolsillos y salen volando como serpentinas, se van y vuelven, me acuesto en ellas sobre la grama. En la distancia a veces me atormentan, ojalá no las supiera, casi ninguna, pero al menos me quedara.....................
12:57
martes, septiembre 11, 2007
Model
Fuimos a la función del circo cómico francés. El chico de tirantes te recordaba a un cantante inglés. Su cuerpo lánguido, el maquillaje de su cara, y los pómulos que sobresalían de su cráneo, te hacían sentir cosquillas. Trabajabas en esa tesis, hasta el otro lado de la ciudad, y en los croquis de muchas cartas no dejabas de mencionar el perímetro de calles sugerentes: Soledad, Jesús María, Corregidora, La Santísima. Te alegraba sólo nombrarlas, hasta escribiste una edénica historia sobre ellas, sobre el ombligo de la ciudad y el centro de tu cuerpo. No sabes cuanto sonreías, al lado de viejos camaradas vestidos de color ladrillo, que por las mañanas recogían los restos de bombón de azúcar que sobrevivieron al sereno y a las bocas de los amantes, y con esos niños llenos de lágrimas los ojos al ver el meandro de luces adornando la plaza.
—es terriblemente hermoso.
El centro, donde trabajábamos y nos juntábamos. Para ti era fácil hallarme: en las tiendas de artículos usados de República de Argentina; en el salón Fosforo, cinito donde un señor te pidió amablemente que te callaras y muy seria estuviste toda la película; en Alhóndiga, compartiendo el desayuno con un vagabundo; o metido en los claustros: hay un abanico bellísimo de ellos en ese lado del centro, te encantaba exMerced (escrito de esa manera para acordarnos de las clases teóricas de Vicente Flores, y reírnos barriga llena). Ya después, cuando tomaste aquel avión, yo volvía recurrente a ellos, y el velador me decía: ¿y la muchacha?
En cambio, yo tenía que llamarte, siempre en tu torrecita. Y el punto de encuentro era el asta. Pero esta vez tendrías que cruzar más de la mitad de la ciudad, hacer un esfuerzo de viaje, ver todas las figuritas del metro, y con señales precisas bajarte en esa que representaba un caduceo, donde había que transbordar, trascendender. Se llenaban de simbolismos tus ojos hasta llegar a ese piélago de la ciudad: negro el suéter, alegre el rostro, cubos trazados con tinta en las manos. Las que después estarían pegajosas por todas esas naranjas que nos dieron al entrar en ese circuito de fantasía, donde estaban los artistas de la risa. Y vimos por primera vez en mucho tiempo, un juego de tenis emocionante e increíble, más vistoso que la estética de las películas de Jeunet y Caro, después del espectáculo de almohadas y de zancos que para todos sería, sin equivocarme, inolvidable; y escuchamos el reír sonante de muchos niños, doble alegría para tu corazón. Pensé, por momentos, que regresábamos al principio de la ciudad, a cuando se carecía de luz eléctrica, y que estos cómicos representaban faroles en estos sitios menospreciados y duros de la ciudad, o como en arquitectura, plazas para reunir a un bando con el otro, me acordé entonces de las casas de vagabundos de Turquía y del teatro de locos; del proyecto con las prostitutas de calzada de Tlalpan de Mauricio, y me alegraba mucho y te lo decía. Y la noche empezó a deslizarse sobre nosotros con ese todavía de ecos, y los olores a jugo de naranja se caían al cielo de oriente.
jueves, septiembre 06, 2007
These Days
-Oiga, Baumer ¿Podríamos sacarnos una foto con usted?
-Con mucho gusto.
Había pedido que su acompañante habitual, la de sus días de gira, lo encontrara en el muelle... vía el autobus Green Line.
-Hola.
Como siempre, ella llegó tarde.
miércoles, septiembre 05, 2007
En el día
Hice bolita el papel y con él se fueron las palabras. El cesto está vacío. La mujer—contrabandista de sílabas—se las llevó en una bolsa negra de plástico. Las palabras se asfixian, las palabras se ensucian, se adhieren a los restos de la basura dejada: a la forma irregular de una cáscara de naranja, a los bordes sucios que quedan en los vasitos de café desechados. Las palabras se aventuran se marchan. Y la ciudad lo resiente.
La lluvia se nos ha venido encima, su olor provoca efectos subliminales, aparece horas almacenadas en sillones de manufactura antigua; revuelven las zapatillas la hojarasca de las baldosas de recinto, encuentran el relieve de una letra, una palabra que es una llave. Los ojos nos duelen entonces, fatiga no verte. Sólo encontramos audibles los cantos de pájaros. El tiempo se marchita después. En las ventanas se asoman las sombras de magníficos monumentos. La piel se resquebraja. Descansamos en los cojines del cielo.