lunes, julio 17, 2006

Imposible apartarse de...


"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales".
Bertolt Brecht. (1898)

Notas del zócalo: Sergio Pitol, y Carlos Monsivais.

Nota original

La Gente. Desde hace tiempo, y aún más notoriamente ahora, cada vez que alguien se refiere a La Gente eleva su generalización: "La Gente está contenta, la Gente está indignada, la Gente anda muy triste, la Gente no se va a dejar". De hecho, el o la que describe está hablando siempre en primera persona. Hoy, La Gente es sinónimo del Yo y esta operación donde lo colectivo apenas enmascara lo individual es propia del Tiempo donde el egoísmo a ultranza no funciona y la tradición insiste en el egoísmo.

Por eso, hoy, aquí, quienes desean expresar sus sentimientos y sus pensamientos se los atribuyen a La Gente. Nosotros, por ejemplo, advertimos que La Gente está indignada, alegre, informada y muy decidida.

Ellos -y en pos de la ruta lógica de don Vicente Fox, cuando decimos ellos no nos referimos a nosotros- se han autorretratado a la perfección en su campaña desde el odio en favor del miedo, y sus rasgos delatan la ideología ampliada por la mercadotecnia y centrada en el abuso de poder, el conservadurismo y la proclamación de lo muy necesario de la desigualdad.

Las causas que funcionan sólo a corto plazo son apenas y en rigor promociones publicitarias o desahogos emotivos. La batalla por la democracia es una causa permanente que en este caso pasa por la defensa del voto y de los votantes, de todos los que acudimos el 2 de julio sin excepción. Nuestra causa a corto, mediano y largo plazos es la construcción de la democracia, de la que forman parte esta marcha y esta concentración.

Los patrocinadores del fraude hormiga, los que desataron -y a nombre de la libertad de expresión, nada menos- la campaña de "López Obrador, un peligro para México" exhiben también su mentalidad clasista: si un candidato presidencial es "un peligro para México" lo son también los que deciden votar por él en números tan elevados. Se ha recurrido al desprecio como técnica de entendimiento del país, y al declararse implícita y explícitamente a un gran sector "peligro para México" se ha promovido o "inaugurado" la polarización. No obstante, más que de un país dividido debe hablarse de una mayoría en los alrededores de la concentración extrema de la riqueza.

Por eso el proceso electoral se ha encarecido en forma tan desproporcionada, y por eso la derecha festejaría si coloca a la democracia en la Bolsa de Valores. Esta es la gran disputa: democracia al alcance de todos o democracia (o como quiera llamársele) a precio de oro, con maniobreo incansable adjunto. Al respecto, una propuesta utópica: que en un futuro próximo el salario mínimo de cada trabajador en México sea el sueldo actual del presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde.

En política, lo contrario del odio no es el amor, sentimiento nobilísimo que, fuera de las fechas sagradas del consumismo, no encuentra su sitio en el mercado. Lo contrario del odio es el ejercicio sistemático de la razón.
También, el desgaste del adversario es siempre un arma de dos filos. El que tiene el poder en sus manos dirige todas sus acciones hacia ese fin. El desgaste del adversario suele producirse, pero el manipulador pierde en la esfera la oportunidad de gobernar. Es un cazador (con todo el tiempo mental invertido en su propósito) y no un gobernante.

Cuando decimos "la derecha" no calificamos de modo alguno a todos los votantes de Felipe Calderón ni los equiparamos con los devotos de El Yunque y agrupaciones similares, así, en su forma más beligerante, esta derecha haya sido el núcleo activador y el club de campaña. No nos toca indagar las razones del voto de los adversarios y sí respetarlas, y esta misma actitud percibimos en los votantes de Andrés Manuel López Obrador y la coalición Por el Bien de Todos.

Por eso sorprende la agresividad enorme de la andanada poselectoral del sector de Calderón, que en Internet, el Agora de la República, no sólo y previsiblemente se obstina en el linchamiento del candidato, sino también menosprecia con gran alborozo a muchos millones de mexicanos y sus exigencias justas.

¿De veras creen que el choteo barato y la difamación disipan las dudas sobre el recuento de votos?

No queremos, no necesitamos, no le concedemos un sitio a la violencia. En 2005 con el intento patético del desafuero y en 2006 con la exigencia de la rendición de AMLO la violencia ha sido la actitud y el instrumento de la derecha, una violencia ideológica, de mentiras y compra de voluntades, y calumnias y mentiras grotescas, y difamaciones y fraudes hormiga. De este lado hay respuestas críticas, a veces ideológicamente desmesuradas o francamente necias, pero que en su conjunto no equivalen en virulencia y alcances mediáticos al menos oído o visto de los espots radiofónicos y televisivos del PAN y el empresariado.

Cientos o miles de millones de pesos invertidos en retener oprobiosamente el poder exhiben la violencia del gran capital sobre la ciudadanía.

Si el dinero a raudales decide quién gobierna, el gobierno que llega obedecerá al dinero a raudales. Si así han querido ganar, así inevitablemente querrán gobernar. Tanto gastan, tanto han de recuperar con creces. Mentir para imponerse es ignorar en definitiva la ubicación de la verdad.

¿Tiene sentido separar legalidad de legitimidad? Si esto se discute ahora es porque la legalidad está usurpada o programada por computadora, y porque la legitimidad es el gran espacio de confirmación de los valores de la República laica.

Señala el día de hoy en un brillante artículo Rolando Cordera Campos:
Fortalecer las instituciones sin pensar ni registrar la existencia del pueblo y su necesidad ingente de organización es bordar en el vacío, hacer de la política juego de salón, y del poder coto privado de los herederos de una riqueza nunca bien habida.

La emergencia de estos días obliga, en primer lugar, a la defensa del voto y los votantes. A partir de allí, sectores vastos de la sociedad mexicana -y ésta no es profecía sino comprobación diaria- seguirán en la movilización crítica si quieren que su acción contestataria perdure. La campaña de 2006 no admitió o no permitió el debate sobre los problemas y las tragedias ecológicas, las catástrofes educativas, las posibilidades del empleo, la inseguridad social, el racismo antindígena, el sexismo, la condición salarial en el país, la intolerancia religiosa, la homofobia, la impunidad de la clase política y del gran capital. Esto no se pospone indefinidamente, pero sí se jerarquiza porque hoy lo que corresponde es "voto por voto, casilla por casilla".

Si esta causa fuese únicamente política su significado sería localizable en demasía, pero las movilizaciones provienen también de una certeza ética y moral, y esto explica su continuidad razonada y pacífica. No minimizamos ni magnificamos los errores de nuestro proceso, pero -hoy, 16 de julio de 2006- esta presencia multitudinaria, que representa a millones de votantes, surge de la necesidad de cambios profundos que correspondan al desarrollo civilizatorio que merecemos. No presumimos del monopolio de la verdad, pero sí ratificamos las demandas jurídicas y la argumentación moral. Por lo demás, se atestigua a diario el aforismo de Jerzy Lec: "La dispensación de la injusticia está siempre en las manos adecuadas". No abandonemos nuestros votos en la fosa común de la resignación o la apatía. Voto por voto y casilla por casilla.

* Leído (con cortes obligados por el tiempo a la disposición) en el Zócalo, en la segunda asamblea informativa de la coalición Por el Bien de Todos

sábado, julio 15, 2006

sábado, julio 08, 2006

_ _ _

Je voudrais être amoureux.
Tu voudrais être amoureux.
Il voudrait idem (être amoureux).
Nous, vous, voudrions, voudriez être.
Ils voudraient également tomber amoureux...

[l'écume des jours· boris vian]

martes, junio 27, 2006

28 junio

¡Muchas felicidades srita Mirinda!

Feliz cumpleaños María

lunes, junio 26, 2006

Correspondencia: fussball

De Enzo Nussio

Querido amigo Inti

Te exprimo mi mas profundamente sentido pesame por la no calificacion del equipo mexicano por los cuartos de finales. Fue un gran partido de Mexico, talvez el mejor de esta copa mundial. La proxima vez sera! Ya que ahora Mexico este afuera del campionato, espero que concentres toda tu fuerza en el equipo de Suiza que juega hoy contra Ucraina.... A ver. Necesitamos la virgen de guadelupe al nuestro lado para llegar a los cuartos. Los ultimos dias estuve en Alemania y te juro que este es un mundial tremendo, tanta gente, tanta emocion ... Vi el partido Italia contra Republica Checa en el estadio y fue poca madre. La gente mas que pacifica y una fiesta loca despues del partido. Del resto sigo enamorado de una chica que conoci hace unas semanas y trabajo. Disculpa que no te escribo tanto. Espero que vengas algun dia al pais del campion del mundo (ojala sea Suiza..)

Unos abrazos
Enzo

PS: En el anteprima de la copa mundial del 1994 Mexico y Suiza jugaron un amistoso, el ultimo partido de los dos estados hermanos (...): Suiza gano 5:1 contra Mexico en Florida (EEUU)... (es la neta)
(sic).

Epilogo:
suiza 0 ucrania 3

sábado, junio 24, 2006

Pérsides

Pérsides

Ojalá estés así de contenta.

jueves, junio 01, 2006

Ayuda

De María.


Amigas y amigos

El esposo de mi mamá y prácticamente mi padre desde los 4 años, murió hace 2 meses en un accidente en el municipio de Mosquera, bien adentro del departamento de Nariño. Era parte de la Patrulla Aérea Civil, una organización dedicada a llevar médicos e insumos a los lugares más apartados de Colombia. En el accidente la avioneta chocó contra la escuelita del pueblo. Un niño enfermo, su mamá, el médico y él -que era piloto-, murieron. La Patrulla Aérea está reconstruyendo la escuela y dotándola con una nueva bilbioteca, que atenderá a los niños y adultos del municipio, y supongo que de otras veredas aledañas.

Estamos recopilando libros para la biblioteca, básicamente de lo que sea, todo nos sirve. Las donaciones que está gestionando la Patrulla son demoradas y tienen una garantía de éxito muy incierta; por eso también acudo los amigos y amigas, uno siempre tiene a la mano libros que podrían tener mejor uso. Les pido que me avisen si pueden recopilarme algo entre ustedes, o con otros amigos o familiares… yo me las arreglo para recogerlo. Se los agradecería de corazón.

Me he dado cuenta que la muerte de alguien tan cercano es menos dolorosa si en su nombre y con su energía, se ayuda a que otras cosas nazcan.

Gracias a todos.

Maria Carrizosa Bermúdez
Calle 34 # 6 - 59 (501)
2459955 - 300 2693381

Pilar Bermúdez
Calle 129 Bis # 6-57
tel 2582913

martes, mayo 30, 2006

A propósito de los días

El penal mas largo del Mundo
osvaldo soriano

El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no había otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras.
Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo. El blanco que le caía sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban dieciséis clubes y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la única que tenían. En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria. A nadie le llamo la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos.
Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto más abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros.
Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso y nosotros, que por ser menores jugábamos los sábados, no nos explicábamos como ganaban si eran tan malos.
Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha mientras la gente les aplaudía el 1 a 0 y les alcanzaba botellas de vino refrescadas en la tierra húmeda. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaban en la heladera. Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a1.
En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón.
El último enfrentamiento fue histórico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El día era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los árboles. Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos.
El referí que pitó el penal era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavía no había cobrado la pena por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo. Con el empate el local era campeón y Herminio Silva quería conservar el respeto por sí mismo y no daba penal porque no había infracción.
Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padín entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz. Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí.
Según el tribunal de al Liga, que se reunió el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia. El miércoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblo vecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habían reunido en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero.
Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajó unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tiró un puntazo con el borceguí militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro hasta que después de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo:
-Constante los tira a la derecha.
-Siempre -dijo el presidente del club.
-Pero él sabe que yo sé.
-Entonces estamos jodidos.
-Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato.
-Entonces tírate a la izquierda y listo -dijo uno de los que estaban en la mesa.
-No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir.
-El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio.
El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado.
-¿Lo vas a atajar?- le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería.
-No sé. ¿Qué me cambia eso?- preguntó.
-Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano.
-Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer -dijo y silbó al perro para volver a su casa.
El viernes, la rubia de Ferreyra esta atendiendo la mercería cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandía abierta. Esto te lo manda el Gato Díaz y hasta el lunes vos decís que es tu novio.
-Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miro las flores que habían llegado de Neuquén por el ómnibus de las diez y media.
A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato salió al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedó sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista.
El sábado a la tarde el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile.
-¿Y yo cómo sé? -dijo él.
-¿Cómo sabés qué?
-Si me tengo que tirar para ese lado.
La rubia Ferreyra lo tomó de la mano y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas.
-En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella.
¿Y si no lo atajo? -preguntó él.
Entonces quiere decir que no me querés -respondió la rubia, y volvieron al pueblo.
El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta.
El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz y desde allí narraba lo que ocurría a otro muchacho que había quedado en la vereda que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella Polar.
A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos como si fueran a jugar un partido en serio. Herminio Silva tenía un uniforme negro, desteñido pero limpio y cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero que le había dado el cachetazo el domingo anterior y lo expulsó de la cancha. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato.
Al fin, la policía sacó a empujones al Colo que quería quedarse a ver el penal. Entonces el arbitro fue hasta el arco con la pelota apretada contra una cadera, contó doce pasos y la puso en su lugar. El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio.
Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacía dónde tiraría Constante Gauna.
En la ruta habían cortado el tránsito y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato. También la policía quería saber, así que dejaron que la cadena de relatores se organizara a lo largo de tres kilómetros y las noticias llegaban de boca en boca apenas espaciadas por los sobresaltos de la respiración.
Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso y tenía las cejas tan pobladas que parecían cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto.
A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca y sopló con todas sus fuerzas. Estaba tan nervioso y el sol le había machacado tanto sobre la nuca, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí sintió que los ojos se reviraban y cayó de espalda echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla hacia un costado. El gato pensó en el baile de la noche, en la gloria tardía y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner porque había quedado picando en el área.
El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, contra el alambrado, pero el árbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba: “¡no vale, no vale!”.
La noticia corrió de boca en boca, jubilosa. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el “no vale” llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita.
Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva. Lo primero que preguntó fue “qué pasó” y cuando se lo contaron sacudió la cabeza y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces el Gato Díaz apartó a los que querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse porque esa noche él tenía una cita y una promesa y fue otra vez bajo el arco.
Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini y recién después fue hacía la pelota mientras el juez de línea ayudaba a Herminio Silva a mantenerse parado. Afuera se escuchaban bocinazos de festejo y los jugadores de Estrella Polar empezaron a retirarse de la cancha rodeados por la policía.
El pelotazo salió hacía la izquierda y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Constante Gauna miró al cielo y después se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita.
Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio que no era de la rubia de los Ferreyra sino de la hermana del Colo Rivero, que era tan india y tan vieja como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna; después tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado.
-Bien, pibe -me dijo-. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí.
Osvaldo Soriano

sábado, mayo 27, 2006

lunes, mayo 22, 2006

He pasado toda la noche sin dormir

He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

Fernando Pessoa

instante

domingo, mayo 21, 2006

Lawrence

Lo común de esta noche es que no sabe a nada. Caminé con mi padre más de tres horas, a cada paso adelantado una palabra y después silencios. —No sé dónde queda Nueva York—decía—no sé qué de Londres—entonces, luego, hablaba de “las hormiguitas” y de moscas. Miraba mucho las paredes pintadas, y creo que presentía la tristeza común que aquello reflejaba. De pronto tenía la impaciencia de los pocos que quedaban: la urgencia de los enamorados que se daban el último beso de la noche, la prisa mía de que me respondiera rápido cuando le cuestionaba sobre la geografía—no quiero geografía—decía—amor es todo lo que mi corazón sabe—. Miraba su cuerpo grande, delante del mío, su respiración lenta, su andar disipado, como entretenido siempre por la soledad noble del claustro de la plaza. Iba yo con él, pero él solo iba. Ahora que él descansa, temo el profundo abismo de la noche, temo que se abra el techo de la casa y caiga él al lúgubre negro del cielo, y que se vaya aerostático, mirando allá ese vacío, con el imperio de sus ojos.

martes, mayo 09, 2006

L_s_

Fragmento

Esperé toda la noche a que se calmaran. Desde que supieron la llegada del camión de la mudanza, el ruido fue insoportable. Rechinaban, se oían chirridos, y el escándalo aumentaba conforme la casa fue quedando vacía. Al parecer ya casi acabamos con esta jornada de padecimiento. Confieso que hubo momentos en que quise dejar todo como estaba: no mover, ni cambiar la disposición de las cosas en la casa; ni en el armario, ni siquiera los cuadros en los muros, sin embargo tuve que continuar. Ya se lo había prometido a Ernesto. Mas pienso que si él hubiera estado, todo hubiera sido diferente. Empecé ayer por la mañana, puse el despertador, regalo de mi padre, y lo primero que hice cuando desperté fue mirar las cosas. Lucían tal como siempre: estáticas y exactamente como las había dejado la noche anterior. Aunque preciso, que esas fueron las primeras, porque mientras las buscaba y clasificaba, para saber qué iba en cada caja, encontraba testimonio de aquel día último en que las usé. En su vista simple como objeto, no representaban miedo alguno—ni siquiera pensaba en ello—pero los efectos que provocaron en mí después, fueron devastadores. Éstas, acumulaban en su disposición en la casa, el impacto de uno y varios recuerdos, de fechas importantes; fechas tristes felices. De lugares visitados, de llegadas a la casa; de visitas que las desarreglaban, que las quebraban. Había regalos y se rompían en mí como sonrisas, pero algunos le extendían el brazo a la melancolía. Cómo recuerdo aquella cosa pequeña, rota y de color carmesí.

lunes, mayo 01, 2006

Artículo

Comparto éste. Es de Millas, escritor periódico del diario El País, y colaborador de la sección El Ángel, del periódico Reforma.
Preguntas

Asegura mi médico que es un milagro que la oreja sea oreja todos los días. O que la nariz sea nariz, y así sucesivamente. No es que quiera decir que lo normal es que la oreja sea un día patata y otro zanahoria, sino que para mantener esa rutina orgánica es preciso un mecanismo cuya complejidad es lo que nos hace a usted y a mí prácticamente incomprensibles. Y lleva razón mi médico. Personalmente, me parece asombroso que la Luna salga todas las noches, y que los astros funcionen con la precisión de un reloj suizo. Lo normal es que cada día giraran a una velocidad diferente, incluso que algunos días no giraran. Y que los asteroides chocaran unos con otros todo el rato, como los automóviles en la operación retorno. Pero ahí los tienen ustedes, repitiendo cada hora lo mismo, con una exactitud que no sabemos a qué se debe ni cuánto tiempo más piensa durar.Nuestro cuerpo es como una maqueta del universo. Para que nos levantemos de la cama y cojamos el autobús y hagamos, en fin, las tonterías que solemos hacer en el despacho, tienen que ponerse en funcionamiento millones y millones de recursos y células cuya mecánica ignoramos. Lo más probable es que si la biología no mantuviera una presión constante sobre el pie, éste amanecería convertido unas veces en nabo y otras en remolacha. Tiene que ser muy costoso que se mantenga con sus cinco dedos y sus uñas, siempre idéntico a sí mismo. Los juanetes son una tontería. Lo verdaderamente milagroso es que no sea todo juanete. O todo callo.Sería fantástico poder trasladar este equilibrio orgánico a la psicología. Que cada día nos levantáramos con el mismo estado de ánimo, quiero decir. Si todas las semanas tenemos el mismo número de dientes en la boca, y el mismo número de lenguas y de papilas gustativas, ¿sería mucho pedir que, una vez alcanzado un carácter aceptable, nos despertáramos todos los días con él? ¿Por qué unas mañanas estamos tristes y otras alegres? ¿Por qué hay jornadas en las que no saldríamos de la cama, mientras que otras estamos deseando que amanezca para ponernos a trabajar? ¿Por qué, en lo psíquico, la oreja no es siempre oreja ni el párpado párpado cada día? ¿Por qué somos una catástrofe psicológica, mientras que desde el punto de vista físico mostramos una estabilidad envidiable?Es más, puestos a elegir, yo preferiría que la estabilidad de mis órganos se trasladara a mi modo de ser, aun al precio de que el hígado fuera unos días hígado y otros una planta carnívora, o los riñones amanecieran convertidos en roca los lunes, miércoles y viernes. Por cierto, ¿por qué los jueves siempre son jueves? ¿Qué clase de glándula les proporciona esa increíble estabilidad? ¿Cómo es posible que ningún jueves, que yo sepa, haya amanecido lunes o ningún marzo abril? ¿Por qué usted no es yo algunos días? ¿Por qué yo soy incapaz de amanecer usted? Todo son preguntas.
Juan José Millas

jueves, abril 20, 2006

Sobreviviendo a las distancias

No creo que sean injustas estas paredes, protegen todo lo que siento. Creo que es mi cuerpo el que se queda, el que me detiene. Y mis ojos tropiezan en los muros, sacuden a las puertas. No sé. Callada está la noche. Hay la bombilla fundida en la casa, hay la ausencia de papá por varios días, hay la necesidad de decirte amor: te quiero; te quiero tan dentro. Con sólo imaginar tus labios besándome los dedos, qué mal imaginar, si tantas beses... Cómo contarte lo que siento, hay esto para contarte cómo. Beso tu silencio.

viernes, abril 07, 2006

jueves, abril 06, 2006

Sobre mi casa robada

Inseguras quedan las imágenes en otros ojos, inseguros mis recuerdos de ellas. Todavía están en mí. No sé cómo y por dónde entraron a mi casa, espacio deshabitado, el domingo por la noche pudo ser, según la información de Mario, mi primo. Afligido confesó, con pena, que no la había visitado en toda la semana, que cuando llegó el lunes por la mañana, y puso la metálica llave, encontró que sólo había un gran agujero. Se preocupó, sobra decirlo... Imposible ahogar los pensamientos en quién o el porqué. Estar en mi casa magnificó mi sensibilidad, entrar en ella, descubrirla sola, pensarme allí solo, viéndome. Sentí un feo impulso, largo, presentí esos otros ojos en la casa todo el tiempo, no sé cómo tuve el valor para volver a dejarla sola. Pero no quiero desentrañar las razones generales, no quiero pensar en mi casa robada, en mi espacio saqueado; no quiero pensar en las cosas apuntándome puntiagudas, finas. Lo que ocurrió allí en mi ausencia, pasará involuntariamente en mis pensamientos todas las noches, todos los días y las tardes. Es triste esta intranquilidad, es también posible la vulnerabilidad en mí, porque una vez que ha empezado, no hay razón alguna para que se detenga. Qué pasos eran esos que no eran los míos, qué manos pasaban su palma en las paredes, qué ojos no veían y después, lo alumbraban todo con una vela, porque encontré la cera rosa en el piso de mi casa, el delito punteado inolvidable. Es triste otra vez, miraba la casa hueca, invadida por extraños, por quién más, qué importaría saber sus nombres si son extraños... prefiero pensar que las cosas empezaron a moverse, y que no sus manos tocaron mis pocas cosas. Es jueves, Juliana (la tortuga pétrea) es la única testigo de aquellas presencias, mirándola, evoca en sus perfectos ojos cerrados, como en los sueños, cuando una presencia venida de las entrañas de la memoria se adelanta, y después se transforma en algo desesperado, en algo que la transformación asusta porque no se sabe en qué ira a transformarse.

lunes, marzo 27, 2006

Recomendación


Hola
Éste es para avisarles que viene Jamie Cullum a México dentro del festival de Jazz de la ciudad de México, el 24 de Mayo a las 21.00hrs en el Teatro Metropolitan, y el precio es de 600 a 150 creo, hoy y mañana es la preventa "banametz" y el miercoles ya para todos. Pasen la voz va a estar bien bueno.
Les mando un abrazo y si no tienen ni idea de quién es, es un jazzista ingles muy bueno, de veintitantos años...
www.jamiecullum.com

martes, marzo 21, 2006

Los húngaros

*De los textos al FONCA
Toda una caravana de calesas llegaba a la ciudad después de agosto, lo recuerdo así, porque había pasado el cumpleaños de mamá y siempre eran vísperas del de papá. Al ocurrir aquello, todos en el pueblo estábamos salpicados de misticismo y curiosidad. Nunca—todavía ahora—he sabido la procedencia de aquellos extrañísimos peregrinos, a quienes la gente les llamaba “los húngaros”; y se paseaban por calles, baldíos y huertas de mango, buscando un lugar donde esperar. Escogían los más silenciosos terrenos para instalarse. Acomodaban las calesas en hilera y, al igual que fichas de dominó, éstas tenían pintados en los costados, raros y distintos distintivos: alas de tecolote, cabezas de changos, zopilotes y gatos. También agrupaban por colores a los caballos, y eran impresionantes los de color negro: llevaban el cabello de la cola hecho nudos, a manera de una trenza de muchacha, y coronaba su cabeza un cuerno blanco. La punta fina nos daba miedo y de noche, cuando nos tocaba el desafortunado privilegio de pasar por allí, solos, los caballos invisibles hacían extraños sonidos, con las patas, con el hocico, que nos hacían correr y ocultarnos en la sombra de una piedra. Es maravilloso, cómo la sombra que tanto miedo le daba a papá de niño, a nosotros nos cuidaba. Bastaba cerrar los ojos, y pensar que no estábamos allí, mejor pensar que estábamos disfrutando el atole de pinole de la abuela, era otra de las maneras de escaparse. Ya de día, el sol aclaraba mucho las cosas: se les veía en el mercado, haciendo fortuna, intercambiando diminutos objetos, comprando botellas de leche, pan. Las mujeres húngaras llevaban hermosas cuentas de cristal rodeándole sus cuellos, y un manto cubriendo su cabello; los hombres usaban el pantalón, hecho de una antiquísima tela, debajo de sus botas altas, oscuras, que emitían un sonido chocante cuando corrían. Así recuerdo que decían los viejos sentados en sus sillas las tardes, y también hablaban de eventos escabrosos, como el robo de niños, la entrega de los húngaros a oraciones extrañas, el mutismo de sus mujeres. Era verdad, que nunca con ellos vimos a niños, pero éramos nosotros niños los que los mirábamos desde las banquetas. No había mucho que ver en esas fechas, nuestros ojos y pensamientos se concentraban en esos menudos visitantes: descuidábamos las tareas de primaria, olvidábamos las idas al atrio de la capilla a tomar el catecismo, y esperábamos con ansia que sacaran la tela blanca. Eso ocurriría hasta el tercer día de estadía, y mientras iba aproximándose, íbamos nutriéndonos con el paso de las horas de una emoción descontrolada. Primero, vendría procedente del norte la calesa más grande, la que llevaba en sí todo el contenido y significado que le dábamos a esas fechas. Nunca supimos por qué llegaba con retraso. Tal vez porque transportaba todas las imágenes, nuevas, viejas, desconocidas para nuestros ojos. O como decía mi abuelo: “llevaba cargando una estrella que cayo a la tierra”. Por eso era muy luminosa, porque llegaba siempre en la noche, cuando los adultos se duermen con la sospecha de que nosotros la pasaríamos en vela. Los sonidos de las ruedas, el pataleo cadencioso de los caballos por fin nos levantaba de las camas. Todo un coro de niños, con ojos bien abiertos, desde los cuadrados irregulares de sus ventanas, miraban el espectáculo misterioso. Absortos y entregados a tan esperada devoción, no hacían caso al llamado de sus padres de volverse a acostar. Y una vez más, antes de que finalizará esa noche, suspiraban, abrían todavía más los párpados con sus manos, y veían aquella cosa exótica, como entre nebulosa, como si los caballos fueran criaturas híbridas, veloces, que giraban entregados a un rito desconocido por nuestros viejos. Al amanecer del tercer día, cuando nos dirigíamos a las escuelas, todavía absortos por los recuerdos de la noche, veíamos a lo lejos su campamento en reposo: la piel húmeda de los caballos blancos, las calesas brillantes y lánguidas, vacías. Pronto, sabíamos que las mujeres, ocultas en las tiendas, plegarían el acceso y saldrían a dar de comer a los hombres, quienes se apresurarían porque hoy era el gran día. Su último día, nos repetíamos con desdén. Terminábamos de hacer las tareas, comíamos apenas, y con una rapidez asombrosa nos bañábamos (porque acá, se acostumbra ir a una celebración “bien aseado”), apenas nos echábamos agua en el cuerpo, no queríamos llegar tarde, ni esperar más. Extenderían la gran tela blanca bajo una carpa altísima, sostenida por unos esbeltos zancos de madera, que llevaban grabados símbolos desconocidos, y ninguna persona se preocuparía en entender. Eso era todo lo que mirábamos antes de entrar. Esperábamos, en la casa, en la vía de camino, en las azoteas; entonces: se abrían con un ritmo impresionante las grandes puertas de hierro, las viejas de madera; y sucedía, como cada año, la imagen preciosista: un vals de sillas y sillones en las calles, moviéndose a veces lento, otras con celeridad, como si hubieran sido arrojadas por sus dueños al viento, y éste las llevaba leves, las hacía volar. Las alejaba y se iban con ellas—como ya he dicho—a toda prisa, los señores bien peinados, las señoras metidas en sus más lindos vestidos: de flores, de lunares... y con ellos íbamos nosotros, sonrientes, felices. No encuentro en la memoria de mi niñez un evento más emocionante que este éxodo; un momento colectivo, disfrutado. En el avance prolongado de las familias, con sus sillas tejidas en los brazos, desaparecíamos, para rehacernos al momento de atravesar aquella misteriosa tienda. Plegaban la entrada los húngaros, nos recibía un espacio generoso, semicircular; viéndolo con nuestros ojos, era una gran bola de caramelo y nos encontrábamos en su interior. Luego desaparecía todo miedo, alguien bajaba de su espalda un asiento, un cubo de madera para sentarnos, porque era necesario acomodarse, quedarse quieto. Las mujeres errantes se llevaban el dedo a la mitad de sus labios, guardábamos silencio. Entonces, se extendía la tela, más blanca que esos dientes que guardábamos bajo la almohada; y los húngaros desaparecían, se hacían diminutos, fugaces; se oscurecía y el único espacio que permanecía inmutable era el rectángulo blanco frente a nosotros. Pero pronto, como si fueran productos de encantadores o ilusionistas, parecía que nuestros ojos miraban formarse en el único espacio iluminado, formas extrañas, caprichosas, rayadas, irreconocibles. Lo que creíamos que era un rostro, luego se trasmutaba en la ala de una libélula; así los objetos, las estrellas diurnas, las raíces y semillas. Todo lo que aparecía en la tela de los húngaros eran hechizos, sueños quizá, de las mujeres que los acompañaban. Imágenes que maravillaban no poco, que nos volvían más lúcidos. Yo miraba y apretaba fuerte el brazo de la silla; todos parecíamos estar hipnotizados... Según los señores, era en ese momento, cuando las imágenes fluían y deambulaban entre nosotros, ellos aprovechaban para “robar niños”, “asaltar a los hombres”, y hurtar sillas. Sólo puedo decir que escuché de las desapariciones, pero nunca supe que alguna fuera verdadera; creo que había algo más, indescifrable; algún secreto de los viejos del pueblo, algún pacto que los hombres hicieron con los húngaros mucho antes de que naciéramos. Hoy el tiempo los extraña, el pueblo, las calles;—afortunados somos—le murmuré a alguien de mi generación.—Los he visto—no sé si en sueños, llegan procedentes del norte, como la última calesa: la caravana, los fuegos de las antorchas más encendidos, los dibujos curiosos de los animales; pero lo asombroso, es que los caballos no vienen solos, tanto negros como grises, los monta un niño, que sonríe, que alza la mano y voltea en lo más alto del puente de entrada al pueblo: está mirando la ciudad al llegar, mirándonos, con ternura, hundiendo sus ojos negros, del negro más total, impenetrable, de un negro desesperado y me llevo las manos al rostro, lloro, lloramos.

sábado, marzo 18, 2006

Block de Notas

En la literatura árabe se puede encontrar la siguiente frase: las estrellas y las flores tachonan los campos de la tierra y el cielo. Es así como se puede ver en el techo, un entrelazado hecho de madera de ébano, extraordinariamente resistente al paso del tiempo, en dónde los elementos geométricos representan lazos que forman polígonos simétricos; también se ve que se forman motivos vegetales estilizados, a manera de ataurique, que más comúnmente se encuentran en frisos, zócalos y cenefas, representando flores; y una estrella de seis puntas al centro como la glorificación inequívoca de la Unicidad de Dios. Esta combinación geométrica o lacerías de estilo mudéjar, centelleante juego de líneas próximo al carácter del rococó, me aproximan a la puerta, por donde mis pasos avanzan sin declinar la mirada. Le agradezco al señor que me ilustró sobre los tipos de madera, y le repito: “gracias por la palabra ébano”. Sonríe, no sin antes darme una palmada, sospecho que ese movimiento, de escasa fuerza, ha de ser alguna manera de decir gracias. Le sonrío, otra vez, y me despido. Afuera espero a Dení; quedamos de ir a la función de las ocho diez, y el museo lo cierran a las siete; si supiera que hay tanto tiempo. Todavía volteo otra vez más; me miro como el último que salió, y me quedo solicito en el medio de la plaza. Haber si no demora Dení; no llevo reloj, pero se me antoja poseer uno, miro encima de la ventana coral de la catedral y la manecilla del segundero no está, el minutero luce muy lento. Las diagonales imaginarias las trazan los escasos niños, parecen adultos diminutos. Trato de no desesperarme. Cuando me acerco a las bancas, se acercan también los que bolean los zapatos—llevo tenis—les digo. Me dejan solo. Hay tanto espacio ahora en la banca; Dení estará por llegar, la sala de proyección está a quince minutos caminando, confío, ya llegará. Cuando llegue, le pediré que se siente un momento, sólo para sentir que se encoge el espacio. Y sí que aceptará, desde que regresó de Madrid, empapada del arte isabelino, se ha vuelto más sencilla, claro que esto no quiere decir que por eso aceptara de buen agrado el asiento, es sólo un pálpito que tengo. Sé que no ha pasado mucho tiempo desde que baje los escalones y llegué aquí, pero el ansía empieza a comerme, como si muchísimas hormigas hicieran agujeros en mis brazos. Imagino la función, ya muy próxima, la gente viendo las carteleras, indecisos, preguntándose qué ver; Dení comprando palomitas, me aseguró que me gustaría más que los artesonados del museo...

lunes, marzo 13, 2006

De una misiva

Posdata de la carta de srita Mirinda

Happy New Year

Mirá, no pido mucho,

solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fín de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mi mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres. (sic)

Julio Cortázar

Gracias srita
i.

viernes, marzo 10, 2006

Del Decano

Y enarbola las páginas de los diarios, blancas y negras como el espacio cuando se estaban formando las galaxias, y atestadas ‑como entonces el espacio‑ de corpúsculos aislados, circundados de vacío, privados en sí mismos de destino y de sentido. Y yo pienso qué hermoso era entonces, a través de aquel vacío, trazar redes y parábolas, individualizar el punto exacto, la intersección entre espacio y tiempo en que saltaría el acontecimiento, indiscutible en el ápice de su resplandor; mientras que ahora los acontecimientos se caen ininterrumpidos, como una coladura de cemento, en columna uno sobre el otro, uno encastrado en el otro, separados por títulos negros e incongruentes, legibles en más sentidos pero intrínsecamente ilegibles, una masa de acontecimientos sin forma ni dirección, que circunda, sumerge, aplasta todo razonamiento.

miércoles, marzo 01, 2006

Matutino

Confieso que la pienso libre, todas las noches, mejor dicho: la mayor parte del tiempo. Desestimando el concepto de libertad que posee un preso. Ya se lo dije en la mañana, teniéndola enfrente, como tengo ahora este computador: de hojas blancas; de caracteres que empiezan a llenarla como si estuviera observando un cortejo de hormigas. Cuando mirabame al son de ternura, con la delicadeza de su mano me dirigía leves caricias. Te pienso sola—le dije—en los momentos en que te rodean todos los signos de introspección e intimidad: cuando te miras al espejo por la mañana y pasas el peine por tu pelo, cuando usas el cepillo de dientes, el cepillito del rimel, el lápiz de ojos; sin duda, los momentos que más recurren a mí, son cuando está en el territorio donde están las marcas de su soledad; del silencio que retiene cuando me da en un abrazo—como dijeran los nenes—todos los abrazos.

lunes, febrero 27, 2006

The Nada

Soñé, Soñé, Soñé, Soñé

Soñé, que soñaste conmigo
Soñé, que estabas sola
Soñé, que me adorabas
Soñé, que me dabas bola

Soñé

Soñé que estabas ahí
Dando vueltas sin cesar
Soñé que me veias
Con otros ojos,/soñé, en otro lugar
Ay, soñé

Soñé, Soñé, Soñé, Soñé

Soñé que tenia un caballo
Que me trataba mejor que vos
Tenia tan buena onda con ella
Era mi yegua,/soñé, mucho mas que vos
Soñé

Soñé, Soñé, Soñé, Soñé

Sigo siendo aquel muchacho soñador
Que observaba las estrellas
Sigo siendo aquel muchacho soñador
Pero no las veo tan bellas
Soñé

Sigo siendo aquel muchacho soñador
Que observaba las estrellas
Sigo siendo aquel muchacho soñador
Pero no las veo tan bellas
Soñé

Soñé, Soñé, Soñé, Soñé

Soñé, que soñaste conmigo
Soñé, que estabas sola
Soñé, que me adorabas
Soñé, que me dabas bola
Soñé

soñé

Música de Kevin Johansen

jueves, febrero 23, 2006

Escrituras

Había la parábola de la calle. La señorita, que no estaba, caminaba veinte centímetros por encima del asfalto. Había pocos automóviles, y luces intermitentes la detenían. Sus ojos abiertos, cerrados, no podían descifrar de dónde venía el viento. Había un gato también, saliendo solo de una rendija de la fachada vieja, para después huir rápido, a ninguna parte. Y ella todo lo veía: el surtidor, el anuncio del zapatero, la espadaña, las gibas de las cortinas entre ventanas, mientras repetía su parpadeo. En momentos desaparecía, la ocultaba la negra sombra de los árboles que había. Se detenía allí, jugaba a desaparecerse, acurrucada por el sonido de las ramas. Después seguía el zapateo y había algunos: sentados en los escalones, saliendo de las panaderías, mirándola de puertas que se abrían, ignorándola aquellos que iban acompañados. La señorita miraba a los que iban de tres, y de sus ojos salían lágrimas de alegría, como lucecitas. De chispitas se llenaban las vías: había la noche.



señorita mirinda
Woman With Yellow Hair/pablOpicassO

jueves, febrero 16, 2006

Es ella

Ni en un momento de la noche, he dejado de ver la forma de tu cuerpo. Mis manos se estiran, se comprimen. Vuelan en mis dedos las luciérnagas. Se apagan mis ojos. Se oscurece la habitación y tu nombre repetido, anuncia pasos, tu voz, tu tiempo que llega y me sorprende con tu abrazo... tu beso.

martes, febrero 14, 2006

domingo, febrero 12, 2006

Aunque tú

Inolvidable

En la vida hay amores
Que nunca pueden olvidarse
Imborrables momentos
Que siempre guarda el corazon
Porque aquello que un dia
Nos hizo temblar de alegria
Es mentira que hoy pueda olvidarse
Con un nuevo amor
He besado otras bocas
Buscando nuevas ansiedades
Y otros brazos extranos
Me estrechan llenos de emocion
Pero solo consiguen hacerme
Recordar los tuyos
Que inolvidablemente
Viviran en mi



s

jueves, febrero 09, 2006

The Birthmark


...me regalaron un libro. Para las navidades de aquel año, mi madre me compró una antología de relatos de escritores norteamericanos. Cuentos clásicos americanos, un enorme volumen encuadernado en tela verde, y en la página cuarenta y seis había un relato de Nathaniel Hawthorne, El antojo. ¿Lo conoces?
Vagamente. Creo que no lo he leído desde el instituto.
Yo lo leí todos los días durante seis meses. Hawthorne lo escribió para mí. Era mi historia.
Un científico y su joven esposa. Ésa es la situación, ¿verdad? Intenta quitarle un antojo de la cara.
Un antojo escarlata. Del lado izquierdo de la cara.
No es extraño que te gustara.
Eso es decir poco. Me obsesionó. Ese relato me devoraba viva.
El antojo tiene la forma de una mano, ¿no es así?
Ahora empiezo a acordarme. Hawthorne dice que parece la huella de una mano apretada contra su mejilla.
Pero pequeña. Es del tamaño de la mano de un pigmeo, la mano de una criatura.
La mujer sólo tiene ese pequeño defecto y, aparte de eso, su cara es perfecta. Es famosa por su extraordinaria belleza.
Georgiana. Hasta que se casa con Aylmer ni siquiera piensa que sea un defecto. Es él quien le enseña a odiarlo, quien la vuelve contra sí misma y le suscita el deseo de quitárselo. Para él, no es sólo un defecto, no es únicamente algo que destruye su belleza física. Es la señal de una corrupción oculta, una mancha en el alma de Georgiana, la marca del pecado, de la muerte y de la putrefacción.
El sello de nuestra condición mortal.
O simplemente de lo que consideramos humano. Eso es lo que hace tan trágico el relato. Aylmer va a su laboratorio y se pone a hacer experimentos con elixires y pócimas, intentando descubrir una fórmula para borrar la pavorosa mancha, y a la ingenua Georgiana todo le parece bien. Por eso es tan tremendo. Ella desea que su marido la quiera. Eso es lo único que le importa, y si la supresión del antojo es el precio que tiene que pagar por su amor, está dispuesta a arriesgar la vida por ello.
Y él acaba asesinándola.
Pero no antes de que desaparezca el antojo. Eso es muy importante. En el último segundo, justo cuando está a punto de morir, la marca de la mejilla empieza a desvanecerse. Se está borrando, desaparece del todo, y sólo entonces, en ese preciso momento, es cuando muere la pobre Georgiana, La marca de nacimiento es ella misma. Si desaparece, ella también desaparece...


Extracto de Libro de las Ilusiones, de Paul Aster.

jueves, febrero 02, 2006

Sin título

En la noche, cuando otra vez empiezo a quedarme solo, llega a mí un deseo grande de soltarme a reír. De agudizar, de alguna manera, la risa, hasta alcanzar la frontera en que se convierte en carcajada. Son notables las noches, en que, por descuido o por algún entretenimiento vano, no me doy cuenta de que ya sobrepasé ese límite. Y son contadas aquellas en que logro darme cuenta que alcancé tal goce. Mas, puedo pensar que de alguna manera, siempre está presente ese anhelo, que me conforta y, además de animarme, me ayuda a neutralizar la abundancia de soledad. Pienso en que no es llegando a la carcajada cuando alcanzo la mayor alegría, como le pasa a la señorita Dina, sino, cuando rozo el borde magnífico (por llamarlo de alguna manera), de ella. No, no estoy hablando de la señorita, escribo de la risa. Cómo describir ese sonido. No lo sé, a mis años me considero mal fruidor, ya que escucho el sonido grave y fuerte de la carcajada como una burla de la risa y la risa—que apenas empieza—como una tímida carcajada. Es este sonido nulo y sordo que sobreviene a las palabras, a los diminutos remolinos que se forman en la garganta lo que encuentro extraordinario.

lunes, enero 30, 2006

Ejercicio

Detrás quedaba Chilapa, mi amigo Miguel me invitó. La Plaza estaba llena de artesanías, de palma y bejuco... Fue un día muy disfrutado, la carretera se está convirtiendo en una fascinación, en algo delirante. Decía él, que fue el siete de enero cuando empezó a manejar, y lo usaba como justificante cuando las curvas y su inexperiencia, hacían que se tambaleara el pequeño automóvil. Por fortuna y suerte llegamos bien, y mi amigo ya en el lugar, repetía esa sentencia que lo caracteriza: “lo último que perderemos es la vida, por eso cualquier instante es bueno para morir”. Respiraba, estiraba sus brazos y echamos andar. Miramos, probamos de todo, cosas que no mencionaré, porque fueron demasiadas. Aunque debo decir que la granada naranjada estuvo excepcional. Iban y venían los comerciantes de dudoso atuendo, señoritas de cuellos coloridos que adornaban, como un rehilete, la Plaza al pasar. Antes de regresar, entramos a la cocina ecléctica (concepto bastante raro para el lugar) pero muy bien recomendada por la señora Tela. Pedimos el platillo “típico”: mole, acompañado de un vasito de agua de caña, y creo que hubiéramos podido comer sabroso, sino fuera porque a mi amigo le dio miedo. La decoración sospechosa le provocó una afección en el estómago: el xoloescuintle disecado, el sapo-maceta del tapanco, el balaustre victoriano combinado con unas candilejas, los maniquís disfrazados con la indumentaria indígena, la piñata de Satanás, el huipil negro; pero lo que acabo con su paciencia fue el lava manos. Este, estaba representado por un querubín, al momento de abrir el grifo, el agua venía de él como si estuviese orinando. Miguel, indignado, hecho mil furias y prefirió salir, molesto y decepcionado de tan “horroroso” lugar. Se alegró pronto, en cuanto le dije que podría manejar de vuelta, dejo escapar la sonrisas al portal.

La tierra del viejo

sincretismo

Fotografías breves, como fue el breve viaje a los pedazos de tierra de mis abuelos paternos. Visitar la tumba de mi abuela Áurea, estrello mi corazón.

Mixteca Baja de Oaxaca.
Pinotepa de Don Luis-Jicayan
enero 2006

miércoles, enero 18, 2006

Correspondencia

Mario escribió:
que tranza abreu como andan por alla y tu como estas, que tal las vacaciones con la familia bien verdad, me lo imagino a mi me hubiese gustado estar ahi si tu eres el que sabes cuanto me gusta estar por alla pero fallo esta vez ya que esto de crecer y trabajar es lo peor que existe pero bueno espero que todo haya salido bien y que no me hayan extrañado mucho jajajajaja como verdad. cuidense y saludame mucho a tus padres dile que se les extraña a tambien a aikon dale un sápe de mi parte cuando te veo por aca se te extraña para una charla

mario



Mario:

Hey man, qué bueno saber de ti, aunque sea por escrito. Las vacaciones fueron muy cortas, y como siempre nuestro abuelito, aprovechó la breve visita para trabajar. Así que ya te imaginas: me la pasé colando y subiendo botes de arena, botes de agua, quinientos tabiques, varillas; haciendo amarres con alambre recocido, buscando piedras blancas para decorar el pretil de la cocina. Mezclando el cemento y la grava, refrescándolo con sartencitos de agua, y, a veces, recibiendo muy cortésmente, los regaños de nuestro abuelito. Él, sin duda fue el que mejor se la pasó. En la noche, vísperas de su cumpleaños, le llevamos nochecitas, que es muy parecido a una serenata. Abuelito, fue sorprendido en el 5° sueño, levantándose rapidísimo, y ocultando su alegría entre las cortinas de papel picado que le fabricamos. Poco después—mientras la música entonaba aquella canción que Pedro Infante le llevó a la Chorreada en Nosotros Los Pobres—se dejaba poner collares de galletas Marías, que llevaban como distintivo un cigarrillo Marlboro o una hoja de trueno; él no podía más, entre abrazos y cuerdas de guitarra, se tumbó sobre su silla y se le vidriaron los ojos. El cantante continuó con su vasto repertorio y para cuando tocó Caminos de Michoacán, abuelito se lució bailando ese corrido con una de sus hijas: mi mamá, quien por cierto decía: ojalá estuvieran todos. Había las risas de las hijas del tío Gaby, de su mujer; Simón, se dejaba acompañar por su vaso con tequila y Fresca, a su lado tía Chabe cargaba a nuestra más pequeña prima y le decía no sé qué cosas a Lesli y a Yoli; mi tío Chuy todavía con la camisa manchada por la grasa y el aceite de su taller mecánico, mandó a Oscar a su tienda por municiones: refrescos, papas, una botella de tequila; y los demás, como Fátima y sus hijas, nos acompañaban, ocupando el espacio destinado a Terry (el perro), quien se la pasó aullando porque no jugaban con él. Sólo nuestra abuelita desistió en estar con nosotros. Aún continúa en ella el rencor y el doloroso silencio de no hablarle al que fuera su esposo. Pero, creo que estaba tranquila, y sentí que irse a dormir temprano, aquel día, fue la forma de acompañarnos. Las canciones terminaron al diez minutos para la una de la mañana, mas continuó en los familiares el despido cargado de afecto. Nuestro abuelito, por fin, durmió satisfecho. Esa fue la mejor de las noches (para todos). Mejor que la noche de Navidad, en que se te extrañaba—cómo no se te va a extrañar—; mejor que la noche de Año Nuevo, en la que también estuvieron de alguna manera presentes. Man, puedo decirte que no te perdiste de tanto, salvo los frijoles puercos, el clásico pollo con pasas (ajiaco), la cena acostumbrada de enchiladas en chile guajillo, ¡los tacos con caldito de pollo!—que tanto de gustan—, las sobremesas o cuando sacan la silla en la tarde a la banqueta; los apagones que promueven el misterio al quedarse oscuro el pueblo y se apetece que alguien cuente historias de sustos y aparecidos; las caminatas por el callejón, al zócalo o alguna que otra calle huérfana; las caminatas a la huerta y trepar a los mangos, y después hundir los pies en el río Cutzamala; los paseos a pueblos cercanos: manejando Oscar a Coyuca, a Riva Palacio, a Tlapehuala a comprar el pan de Baqueta, a Chumbitaro para llenar costales con jícamas, al mirador de las Querendas para ver miles de estrellas fugaces reflejadas en el Balsas y, escuchar el último éxito grupero que suena en las camionetas; te perdiste de las mujeres más hermosas de México, hermosas de veras, de corazón, de alma, de pies a cabeza , con su sonrisa transparente y sus faldas largas y blancas. Pero, como tu dices “todo salió bien”, mas la casa lucía pequeña y vacía. Es tan cierto eso que escribes: “esto de crecer y trabajar es lo peor que existe”, sí, es lo más inexplicable y explicable a la vez, pero siempre hay tiempo para reunirse y volver a llenar con la presencia nuestra casa de infancia.

Man, un abrazo fraterno y fuerte.
Salúdame a tu mamá, a tu papá, a Chukoparek (Chucho). Siempre se les recuerda.
Feliz año a todos los tuyos.

abreu (inti)


ps. Supe que falleció Kokis, lo lamento.
No sé cuando iré a México, esa ciudad me da miedo, no por los que la habitan, o la violencia de la que hablan siempre en los noticiarios; es un miedo distinto. Así que, hasta pronto Man. Cuídate y cuida por favor el departamento.

miércoles, enero 11, 2006

Construcción en tierra

Disforme
Muro disforme
Diciembre 2005
Por Inti Ayora

jueves, diciembre 22, 2005

Tus palabras determinadas.


S—
p.


Cuando se marcha o se aleja de una persona que ama, calla y espera una respuesta, una señal. Espera de pie y piensa que todo pasa, hasta el dolor tan inmenso pasa, de una manera incomprensible; no de un día para otro, pasa de igual manera que la vida. Piensa que aun siendo inteligente puede hacer muy poco en contra de su naturaleza y sus obsesiones. Piensa en lo infantil que fue, porque dijo todas aquellas cosas. Piensa que la quiere, por ella, porque ha existido desde ella. ¿Cómo decirlo? La vanidad y el orgullo pueden causar mucho dolor. Sin embargo, acepta el mundo paso a paso y poco a poco muere. 24 horas todos los días, “implacables y decididas” como lluvia en su piel. Todavía la ve y todavía queda algo en su corazón. La ve en sus ojos y siente algo en su estómago. Pasan los días, la busca y se exalta. A veces le falta el aire, se detiene en las gradas: ya sólo le quedan los recuerdos. Le gustaría volver a verla, le gustaría decirle algo. Avanza. Le cuenta a alguien: últimamente la he visto, despierto y en sueños, la veo atravesar el anden, delgada, con su monedero de colores vivos, con su suéter morado, la veo descender el puente, o murmurarle algo a su hermano. Esta tarde la vi mientras estaba escribiendo y me quede tranquilo.

Quizás el mundo se acabe cuando se apaguen las luces de la ciudad. Son posibilidades. Ésta está determinada.

f.a.

martes, diciembre 20, 2005

Señal

Weeks later in Times Square

Anthony Browne

viernes, diciembre 16, 2005

Invitación

De Amanda



HOLA A TODOS:
LOS INVITO A QUE CONOZCAN MIS NUEVOS DISEÑOS DE ROPA PARA MUJER, VOY A ESTAR EN LA FERIA FUSION DEL SABADO 17 AL VIERNES 23 (VENUSTIANO CARRANZA NUM 25); ESPERO VERLOS POR ALLA EN EL COCTAIL DE INAUGURACION EL SABADO 17 A LAS 19:00 HRS, O SI NO EN EL RESTO DE LA SEMANA.
LES MANDO COMO ARCHIVO ADJUNTO UNA PROBADITA DE LO QUE PODRAN VER...
U BESO Y UN ABRAZO NAVIDEÑO A TODOS Y TODAS.
AMANDA


Diseños de Amanda



Calendario:
coctel de inauguración sábado 17 a las 19 hs
-arte en vivo (un artista pintando en vivo con una banda tocando)
-anti pasarela (gente normal desfilando los productos del bazar, para mostrar que los productos del bazar se los puede poner la gente que nos visita). Y
como siempre se destacan: un espacio de comida, café y más: peluquero itinerante, música en vivo, obras de teatro; a parte de 50 expositores (arte y diseño) exhibiendo y vendiendo sus productos. nuestro sitio web donde pueden consultar fotos y más información: www.proyectofusion.com.mx
ITINERARIO DE ESPECTACULOS
SABADO 17
17 hs SIROKO (percusión africana y malavares)
19 hs COCTEL INAUGURACION- Tocan en vivo: SONORA CENTRAL (cuarteto Neocumbia)
20 hs TIGGERS (Trip hop)
21.30 DJ LUNAR MONKEY MAN
DOMINDO 18
16 hs DUO DON SATUR (tango, guitarra y bandoneon)
18 hs KIN (deep house)
MARTES 20
16 hs MATCH DE IMPRO TEATRAL (Juegan Una mosca parada en la pared vs. Narcoimprovisantes, estudiantes de la ENAT y UNAM)
18.30hs MUSTANG (rock)
MIERCOLES 21
14 hs EL CIELO vs. EL INFIERNO (obra de teatro)
JUEVES 22
18 hs LURI MOLINA TRIO (Jazz)
VIERNES 23
16 hs EL ALACRAN (jazz)
20 hs CIERRE DEL EVENTO CON CICLOS (rock)

lunes, diciembre 12, 2005

Yuvia

A esta hora ya dejó la ciudad. Con toda seguridad estará bien y un poco más que dormida, resintiendo los efectos del narcótico que para ella es la carretera. Cuando despierte, se encontrará más cercana, dicho sea de paso, encontrará lo mismo: la estación de gasolina, la estatua de piedra, los concurridos estacionamientos de los restaurantes. Pero todavía permanece allá, en el lugar en que coincide la realidad con el sueño. Tal vez su acompañante—mujer, en este caso—le toque el hombro, la despierte y le señale maravillada, el maravilloso declive de los cerros o la apenas luz que se alcanza a filtrar por su borde. Porque es de tarde y aún se pueden ver las formas con colores; empañadas, es cierto, pero que destacan por sus profundidades y distancias. O quizá no y se quede en ese estado, acumulándose kilómetro a kilómetro, aproximándose a límites en que se hace imposible continuar dormida.
diario de notas de vuelta a la casa

sábado, diciembre 10, 2005

Fiat Lux

Único
inmutable
ilimitado
inmóvil
Son puntos, apenas pocos. Para ellos, hacer su recorrido nocturno nunca ha sido tan maravilloso. Se les empieza a ver cuando oscurece y cuando el tráfico rodado no es continuo. Los Hacedores de lucecitas, salen de su robusto automóvil, confiados en tejer, entre el limbo que hay de poste a poste, una cinta parpadeante que fascine con su intermitencia al ojo, o simplemente alegre, al que camina de noche y a esa señorita que deja flotar su pelo por la ventana. Para mañana (por la noche), la calle estará toda luminosa y bonita pero, repleta de un sentimiento contrario al animo que se mira en las parejas de amigos, que juegan con sus dedos a señalar esos puntitos de luz y que con apenas breves movimientos de sus dedos, dibujan un regalo: las antenitas de un insecto, el vientre de una oruga. Las sigo con el pensamiento cuando dejo de verlas, y cada que las veo, advierto que allá, en un lugar fuera del tiempo, las pudimos ver; y eso me llena de una gran ternura. Es cierto que me hacen llorar, pero yo no sabía que un llanto podía ser tan dulce, porque así existes dondequiera, y siempre estás brillando y cambias de colores, y te marchas en la lucecita roja y te fundes en aquella azul. Y nos vamos cuando cesa la noche, cuando cae esta palabra noche y subimos la palabra día, y entonces nos quedamos guardados en el hueco de la mano, déjame cerrarla para sentir que abrazo.

viernes, diciembre 09, 2005

N.

De anoche:

Las lucecitas me hacen llorar.

sábado, diciembre 03, 2005

Espantapájaros

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo



Se me acaban los caminos. Todos, después del llanto, me imantán allí. Cuando volví a verla, no dejaba de mirarla. Ni de hablarle decidido. Le contaba de los viajes: en todas las mujeres que veía te recordaba insistente: en el rostro desconocido del brazo extendido que lleva el paraguas, en las manos mojadas de las niñas que jugueteaban en el borde del mar; en la mujer que vuela la cometa. En la mujer con alas en la plaza y aquella que sonríe al pasar. Y me ahogaba en sus ojos de silencio. Ojos de mujer nueva, cómo hubiera deseado que me sobrará tiempo para rozar la punta de su mano. Le contaba de mi llorar de amor. De amor he llorado—le decía—“he llorado con la nariz y con las rodillas” “he llorado por el ombligo, por la boca”. Cómo adoré la memoria toda, como la aprecio ahora que la recuerdo. Cómo adoré ese poema de Girondo que de niño me hacía llorar y reír. Y la humildad de ella, novísima, consolándome. El amor es voluntario—dijo—no te mueras, no te jodas: aquí estoy, aquí estás, aquí estamos, aquí empezamos. Cómo quise besar su boca. Su boca nueva roja, sus labios de luna creciente. Su boca toda hablando con mi lengua, con mis dedos. Su boca de semilla de manzana. Su boca que toda cabe en mi boca y en tres de mis dedos. Su boca nueva que con un beso cierra las ventanas de las heridas. Cómo hubiera querido retroceder los pasos, el aliento, regresarme la cabeza, retardar el abatimiento de los párpados; reducir en centímetros la mesa que nos dividía y daba inicio a este duelo. A este ser tuyo mujer: cuando me miraste para despedirte con tus ojos humedecidos de ternura, y mirándome en silencio inmóvil vertical, pude creer otra vez en mis ojos y pude caer a ti desmayado. Sin embargo no puedo no dejar de verte. Gracias ¡tarde turquesa!

viernes, diciembre 02, 2005

Clisé

Amojileca está llena de luces, mejor que un traje de torero. Esta región que perfora las nubes, toda de frío cubierta, tiene justo en su cima una luz huérfana. Los coches descienden, parpadean las sirenas: rojo, azul, rojo; su timo desenfocado arrulla. Taciturna una voz cantando se detiene. La luz nos desilumina de pronto y, aparece de su boca el Poema XX (Cliché)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Amojileca vuelve a iluminarse, ya es diciembre por cierto. Nunca tuve un árbol navideño, pero tengo Amojileca. En ella fluyen constantes y serenas las luces. Recorren las calles como hormigas atravesando la alacena y el armario. Parpadean, acompañan el paso de algún caminante. Alguien asomado a la ventana deja caer una diadema, que recorre la pendiente de la calle, se confunde con las sombras de los postes y un letrero que anuncia el sol para mañana. Sol magnífico en la piel. Nueva luz nueva. Como nueva piel y nuevos ojos. Manos limpias a escribir, una luz que me da rostro.

lunes, noviembre 21, 2005

Espiral


Para la mayoría de los moluscos, la forma orgánica no tiene mucha importancia en la vida de los miembros de una especie, dado que no pueden verse uno al otro o tienen sólo una vaga percepción de los demás individuos y del ambiente. Ello no excluye que estriados de colores vivos y formas que encuentra bellísimas nuestra mirada (como en muchas conchillas de gasterópodos) existan independientemente de toda relación con la visibilidad.



Coquilles

Acteon tornatilis con la concha horadada por el caracol depredador Natica.

Foto de Lluis Aguilar.


viernes, noviembre 11, 2005

Enzo Nussio

Hoy llegaron 5 cartas al buzón, rescato ésta. Es de Enzo, un amigo entrañable. La comparto por la vez en que prometimos sentar a la belleza en las piernas. Gracias amigo ¡
Mi más sincero abrazo.
Queridos amigos mexicanos...

Les escribo a todos juntos, espero que no les ofenda individualmente sino de fuerza a su sentimiento patriotico...

Estoy trabajando bastante en la Embajada de Suiza, y lo paso bien en Chile. Sabian que en Chile se dice Aji o Pico al Chile. El Pisco, que pronuncian como Pico, no me gusta tanto, por razones obvias... Estoy con la cuba, como Javier me lo enseno.

Estoy trabajando bastante. la semana pasade era el observador oficial de Suiza ante la conferencia general del Organismo para la proscripcion de armas nucleares en Latinoamerica y el Caribe. conoci un chingo de Embajadores de cada pinche pais de este continente. Estuvo divertido. Ademas de esto estoy escribiendo informes politicos para mi gobierno. Creo que nadie los leera pero vale madres.

Chile no es el pais prometido, las chicas son medio feas, nada comparado con Colombia. Colombia es una maravilla, vayan a Colombia, en serio. Ahi hay de todo y ademas no es tan peligroso como todos dicen, a mi por ejemplo me secuestraron muy pocas veces.

La gente en Chile no es tan amigable como en Mexico, son un poco introvertidos y no muy integrativos. Hay que hacer un esfuerzo para conocerlos. No obstante lo paso muy bien, salgo muchas veces y regreso a casa a las 8 de la manana a menudo.

A veces me dicen que tengo un acento mexicano cuando hablo espanol, jajaja. Lo tomo como cumplido pero el acento chileno no me gusta mucho. Ademas siempre quieren que yo diga cosas como "orale wey"... Cuando me preguntan eso, yo suelo responderle con un seco y clasico "chinga tu madre".

Cada vez que escucho la palabra Mexico (o palabras que suenan parecido como tragico o Mecanico...) pienso en ustedes. No voy a olvidarles aunque escribe poco...


Que les vaya muy bien
Enzo
(sic).

miércoles, noviembre 09, 2005

miércoles, noviembre 02, 2005

The Sand

Por todo, necesariamente.

I

Yo te sentía parte de aquel mar. Era mediodía. Con los huaraches en la mano, veía a la gente dando vueltas por la mar, guardándose en no sé qué partes de sus ropas, pedacitos de coral, alguna piedra; en barcas de motor remotas, sentados en la arena y nadando. No conocía a nadie, pero, maravillosamente sabía que estabas en aquel mar inmóvil —el más alejado de la playa—, surcado por los breves intervalos de tus brazos que, repetidamente, te acercaban al fondo de un secreto. Cada vez más libre de movimientos en el agua, te sentías contenta y cada vez con más ganas de nadar. Tal vez de llegar al mar abierto.

II

Saliste de una vez, te miré inmóvil, traías un divino bañador, vigilando tus lentos movimientos, mirando cómo el agua descendía por tu piel y, llegabas a la arena provocando en mí una breve sensación de inmortalidad. Después nos sentamos bajo un parasol. Arrojaba su sombra negra sobre nuestros cuerpos y la arena inundaba nuestros pies. Así nos quedamos algún tiempo, mientras la multitud de bañistas, ya sea acompañados o solos, se lanzaban a la mar y, los niños se zambullían en cada ola blanda. Cómo brillaban tus ojos mirando el movimiento de la superficie azul, parecía que la vida se gestaba a cada parpadeo, y en cada salpicadura blanca del azul contenido me dirigías una sonrisa.

III

El fondo marino de arena ondulada era deformado por tus pisadas. Volvías a la mar. Los rayos de sol parpadeaban entre las gibas del agua y tu pelo. Te sumergiste y aparecían algas, velocísimos pececitos estriados, rocas submarinas afiladísimas (escollos) y, arriba miraba el color que daba a la mar la silueta de tu cuerpo. La piel de tu nítida espalda y tus largas piernas, eran de una blancura reveladora entre el azul y moreno de las piedras. A cada brazada tuya, todo lo oscuro de tu pelo aparecía, cambiando en ti todos tus secretos. Cambiabas la dirección de tus movimientos, girabas en el agua, nadabas de una manera híbrida, alejándote. Mantenías en mí a la vida, ansiosa de hundirme allí, de pasar entre el navegar de las olas y abrazarte.

IV

La fuga de tu cuerpo había cesado, ahora descansarías. El sol dejó de estar en posición vertical y, comenzó el reflujo hacia la orilla de los que estaban dispersos por el mar. Llegaste, en tus ojos había una expresión de serenidad, llena de asombro y libertad. Todavía llevabas restos de agua en tus suaves hombros. Las yemas de tus dedos exangües y con los relieves ondulados rozaban tu piel al acercarte. Alzando los ojos me miraste, como aquellas veces en que nos enfrentábamos a vernos, a quedarnos callados dirigiéndonos miradas en secreto, simples: ¡hermosas!

V

Nos fuimos en la penúltima barca de motor, un viaje multitudinario —por así decirlo—. La barca partió enseguida, más veloz que cuando había llegado. Con sus movimientos misteriosos, nos dejaría la certeza de que nunca este lugar sería igual. Te tapaste los ojos sonriendo. Los dos estábamos sentados con las manos sobre las rodillas, sonreíamos, cansados, entre el naranja del salvavidas y un azul que se va. Para llegar a la playa, el muchacho de gafas conducía la barca partiendo en dos el mar. Se miraba la hormigueante costa acercarse, las barcas atracadas, las barcas volcadas; se miraba también la isla dejada, te miraba; la última fila de paseantes cubriendo su cara con toallas: morenos por el sol. Nos mirábamos esa tarde al llegar a la playa, todavía llena de castillos y volcanes de arena abandonados por los nenes. Y tú, breve, estremeciéndome. Moviendo mi vida, como un suspiro.

Mirar

sandra

domingo, octubre 30, 2005

lunes, octubre 24, 2005

En nombre de toda inmensidad

"¡Éter divino, raudas brisas, fuentes de los ríos y sonrisa infinita de las olas del mar, madre de todo! Pero también a ti quiero invocarte, ¡disco del sol, que todo lo contemplas! Miradme: soy un dios y, sin embargo, ¡qué trato he recibido de los dioses!..."

Esquilo, Prometeo encadenado, versos 31-35

Antes que la mañana venga, entre casuales sombras de tinta, sólo quiero mirar estrellas esta noche. El cielo más profundo que alguna vez. Saltar como caballito de ajedrez a él. Cada tarde, cada hora. Sólo más lleno. Más rápido, más entero y... mis ojos no pueden verlo.

viernes, octubre 07, 2005

A ti

confeti

Sólo un block de notas para recordarte. Hoy, siempre ocho hoy, cumples años. Una luz en tu cabecita. Muy adentro sonrío pensando en lo feliz que tienes que estar, en los abrazos que recibirás —o recibiste— en tus sonrisas y regalos, en las delicias posibles de comida, en tu blusa nueva o, el adorno que llevarás en el pelo. Siento desdicha de no poder compartir tus miradas, yo, que te quiero mirar en mí y sólo aparecen, recurrentes, los ojos de las personas que tienen la fortuna de mirarte. !Contenta mi querida¡ Te regalo mis suspiros, aquí... mis palabras agudas y esdrújulas. Mis ocho años de infancia vivacísima. A esa edad, mi papá aún vivía en Chicago. Siempre en sus cartas enviaba postales lindísimas, una era para mi hermana y la pequeña para mí; pero lo más bonito de tenerla, era sentir que entre esas imágenes de brillantes edificios, se podía sentir la textura de su letra. Trazaba surquitos con tinta, sin darse cuenta mi Viejo al escribir lo hacía con tanto peso en el cartoncito y dejaba eso: que yo traducía en abrazos y caricias. Te regalo eso —esto— que siento, ese recuerdo de niño, que conservo en mí con tanto cariño, como a ti. Me pienso así: un guachito de ocho años y cada pasito que doy, sin quizá saberlo, es un regalo de cumpleaños.
!Cuanto te quiero¡
La mayor felicidad


miércoles, octubre 05, 2005

Nicolás Paris

Dibujábamos nuestras sombras en el zócalo, cómo nos gustaba. Los jugos de mandarina, los bocetos de peces entrevidriados (aquellos cautivos en las peceras) y, los ambiciosos juegos por la calle que, terminaban siempre arrancándole sonrisas a los peatones; a mí, éstos, me recordaban “El Verano de Kikujiro”: interminable indefinible inolvidable. Hoy Nicolás expone en Bogotá, qué ganas de tomar el primer vuelo, aunque haga escala en Panamá y Medellín, de Acapulco a Bogotá. Suspiro grande... Agradezco enormemente a María, que estará a centímetros de él, para que le de el regalo que escogimos juntos en febrero, aquí en México. Es mágico que no haya tenido ocasión de verlo desde ese distante mes hasta hoy. Me gusta que pase así, porque eso provoca algo de extraordinario a nuestra gran amistad. "La propuesta de Nicolás Paris, involucra un interés en el análisis del espacio físico y el tiempo existente entre el cambio de un estado a otro, él decía (dice) que: "las partículas iniciales, esconden un todo que a su vez conforma la parte de otro todo mayor… escalas dentro de escalas, ciclos dentro de ciclos", me parece estarlo escuchando después de haber visto a William Blake, actuado por ese hombre que usa tan magníficos sombreros, aquella primavera de 2001. La reiteración de la imagen, la secuencia de una cosa repitiéndose a sí misma, y a su vez interactuando con el misterio da un sentido diferente a su realidad inicial". Nico, amigo grande, la mayor de las suertes a ti.
Del Greengo Nicolás Paris, Mota (detalle), materiales diversos, 15 cm, 2005

Jugando con ella

Carolina Rodríguez
Qué Bonito es dibujar
Me gusta dibujar, dibujar las cosas de la niñez, marcar fuerte mis trazos cuando quiero expresar algo, el dibujo me hace libre, la ciudad esta hecha de dibujos, los arquitectos dibujaron casas antes de hacerlas , los diseñadores dibujaron envases antes que tomáramos líquidos en ellos y dibujaron sillas antes de sentarnos en ellas, la ciencia y la economía realizan gráficos para representar sus datos, las calles tienen largas líneas que guían a los autos , hay dibujos hasta en las puertas de los baños que nos indican si es de hombres o de mujeres y desde la niñez el ser humano necesita del dibujo. Por eso dibujo sobre la niñez, porque es bonito volver atrás y reencontrarme con ese mundo maravilloso de pureza, y porque es necesario reflexionar cuando la niñez se ve transgredida.
Dibujar es volver a ser niño, dibujar es rayar en las paredes aunque este prohibido, a mi me gusta rayar con colores por que dibujar es muy bonito.