miércoles, julio 23, 2008

Él, mismo todavía.

El rompimiento lo conminó a estar largas horas en la oficina. Él, mismo todavía. Afuera los cambios transcurren en diapositivas, proyectadas sobre muros sin ojos. La patina cae con la lluvia, lava su superficie, arruinando anuncios, transformándolos. Entonces, más viejos, más naturales, casi pétreos, perecen levemente en la ciudad. Aprieta sus ojos, como queriendo no ver que empieza el día, pero hacer eso le evoca recuerdos: se vuelcan las lágrimas hacia dentro, se tensan, se rompen y los deja salir. Existió, tal vez. Entre papeles y hojas de reciclaje, clips, lapiceros, gomas, materiales nobles, demasiado desechables, en una oficina, él, mismo todavía, se está hundiendo, arenas movedizas para olvidar. Trabaja, pero no se da cuenta. Piensa en las horas agradables en que olvidado del teclado, acariciaba su cabello triste, el de ella, la ausente, el alfiler que se hunde en sus uñas cuando escribe, que le pica cuando dobla una hoja.

miércoles, julio 09, 2008

Agua lenta en el país llano

Te extraño Berlín

Te extraño Barcelona

Lugares que husmear, pero sin extensión. Agridulce noche lluviosa.

Mutantes los objetos salen de mí.

Las piedras cartesianas del camino.

Te abrazo Berlín

Te abrazo Barcelona

jueves, junio 26, 2008

Sólo estar...

Es junio, las ramas de las acacias todavía aferran a su carne las flores. La peña, la raíz, el fuego. La sangre que viaja. Ella y la luna. Samba triste en los auriculares. La numerología romana. El hilo que se añade a la camisa. La temperatura: precisión que permite multiplicar las imágenes almacenadas; hace tiempo, todavía siento el frío. La orientación poniente de la fachada quema las paredes blancas, un sueño preciado: Lisboeta. Por extraños caminos se han ido los viejos amigos. Siento su tremenda falta. ¿Alguien que camine conmigo esta noche? Las mujeres pasan con sus labios despintados, con bolsos punteados; los hombres beben las chelas, las luces se quedan mientras avanzo. Mirar me desaparece y me aparece. Esto es consecutivo.

viernes, junio 20, 2008

Entonces escribió para mí.

...estoy intentando escribirte con todo el cuerpo, enviarte una flecha que se hinque en el punto tierno y neurálgico de la palabra. Mi cuerpo incógnito te dice: dinosaurios, ictiosauros y plesiosauros, con un sentido tan sólo auditivo, sin que por eso se convierta en paja seca, sino húmeda.
Mis desiquilibradas palabras son el lujo de mi silencio. Escribo porque deseo hablar enormemente. Aunque escribir sólo me esté dando la gran medida del silencio...

*C.L.

sábado, junio 14, 2008

lunes, junio 09, 2008

Trío

Te lo dije, recuerdas... Habíamos ido a la Plaza, el paseo vespertino. Si no hubiera sido por el clima, la naturaleza del tiempo, las inquietudes, los caprichos. Íbamos los tres: Marco, tú y yo. Si no fuera porque Marco sugirió el helado, que era una promesa de amainar el calor. Sin sospechar que ese aperitivo fugaz, que ni siquiera mitigó el tiempo, nos cambiaría. Eso estaría bien, decía con sus gafas puestas, objeto que lo hacía ausente y presente a la vez, porque a través del óvalo oscuro podía mirarnos, ser testigo, juez. Total, si no mirábamos sus ojos, era como si sólo estuviéramos los dos. Tú llevabas esa blusa que compramos meses atrás en Santo Domingo, los labios carmesí, pero el clima te abochornaba, parece que te sedujo al momento la propuesta de Marco, la insinuación del helado, y yo, por prolongar tu sonrisa me ofrecí a ir por ellos. Atravesaría esa calle donde el destino empezó a mover sus infames piezas. Más fácil que me hubiera ocurrido un accidente: un automovilista alocado, un chicle en las suelas de mis zapatos, un grito tuyo, de esos que me decías por las mañanas: quédate aquí, pero no... no hubiera ido, o quizá... Pero esto, esta acción que vaticinó Marco al momento de hacer la sugerencia, me condenó a desoírte a desmirarte. Por qué no me detuvo alguien, algún despistado peatón, algún poli para infraccionarme por caminar rápido. Por qué tuve que agobiar tu sonrisa, si ya estabas contenta, para qué más. Por qué siempre este sentimiento de insatisfacción, en todo momento. Si estamos tristes tratamos de sentirnos más tristes, si alegres, también lo hacemos. Crucé la avenida y llegaban a mí los recuerdos: papá despidiéndose cuando el bus se iba por esa misma calle donde ahora pasaba, los recuerdos los imaginaba como canicas que salían de mis bolsillos rotos: ese primer sueldo que me metí al mezclilla estimado, que se perdió entre el ir y venir de los paseantes. Las veces que te esperaba, que te cantaba, que te hablaba parco y con la cabeza gacha, porque me intimidabas hasta tal punto, que a veces me daba miedo mirarte, sufría cuando tu presencia envolvía mis pasos, sin embargo estaba feliz de que te fueras conmigo. Como aquel paseo a Pachá, aquella caminata que duró varias horas y nos recostamos vencidos por el cansancio en el vientre de la pirámide, y me regalaste colores, y me hiciste besos en la piel, yo estaba muy contento, y entonces, miré ese abismo delante de nosotros, cómo es la naturaleza--dijiste--y me dio miedo, me asustó tanto creer que te morías, que podrías estar cayendo a ese abismo de ausencia, a ese abismo cuando no estabas tú, al abismo de un futuro sin ti. Pero me reías, me abrazaste y alejaste todos mis miedos.

ps. primero

miércoles, mayo 28, 2008

Almut

Sonido aquel, voz que viaja. El silencio de los que trabajan es el sonido de sus herramientas, el golpe del martillo, los nudos del alambre, el choque de la pala horadando la arena: estrías en la superficie, modificada. Silencio alto, tranquilo, como el viento que golpea la copa de las palmeras, donde los ojos multicolores de los bichos me reflejan de mil maneras.

viernes, mayo 16, 2008

Algodón de azúcar color rosa.

Es la noche, yo escribo las cosas. Todas las noches las acacias mueven sus ramas. Cada noche como cada capítulo el aire recorre los mismos turnos, y yo camino por esta avenida un pie tras otro. Todas las noches las mismas pocas palabras, repaso los deseos del día, enumero lo que dije, lo que pasó: no como un catálogo de eventos, no como una clasificación que pudiera llevarme a la desesperación. Un bosque entonces. Bellos árboles que arden en la noche. Y los señores cantando con las manos embarradas de tizne, de la ceniza. El humo en el cielo, debajo las estrías de fuego devorando las hojas, el tronco de veinte años. ¡Qué dulce la alegría de los señores! ¡Cantan! Por supuesto, aprietan mi corazón. La tristeza siempre despierta mi corazón y otra vez llamas por todas partes. Pero ¿qué soy yo? Apareciendo en la noche, interrumpiéndoles, sólo soy un escritor. Yo escribo las cosas, mientras ellos me hacen sentir como si estuviera tragando vidrio, frotado contra los ladrillos. Estoy aquí viendo la respiración del fuego, viendo cómo apuñala la cima de los cerros. Mis ojos son como linternas, es la noche, muy oscura y puedo verlos. ¿Estás allí corazón? ¿Este micrófono que escribo tendrá voz? Simplemente el cielo, simplemente las estrellas desaparecen mientras los camiones pasan y en cámara lenta se extingue su corazón.

miércoles, abril 23, 2008

Personal

No está lloviendo. Acabo de llegar de dar la caminata con mi madre y el perro. Pero ya había llegado antes. Había cenado con mi padre, quién mucho antes me había dicho que era probable que por la noche estaría cenando solo en el puerto. Por eso al atravesar el jardín que comunica a la casa entreví su presencia añeja en el sala. Silencioso y meditabundo, descansa repantigado en el sofá. Lo anoto porque acaba de pasar. Después respira, agujera el espacio con las palabras que pronuncia: frases sordas, lentas, que pareciera estar leyendo un silabario. La casa duerme con nuestra presencia, contrario a lo que dice Siza; la casa es un gato negro que escucho ronronear. Esta es una de las cosas por las que ella procura la vigila, teme—no lo sé—que entre el amanecer y el perezoso despertar la casa se levante y se vaya.

martes, abril 22, 2008

viernes, abril 18, 2008

Not

Luces afuera. Los ojos se chispan. Rachas de viento en estrechas avenidas, viejos intentos. Vecinos comunes que se encuentran en los comederos públicos. El italiano cantante, ignorado, de ojos tristes, de español torpe, canta en italiano y hace una señal con la mano, como de ele, para anunciar que cantará ahora en francés, ahora en español, ahora en su lengua. Ante las burlas, él sonríe; ante la soledad, él canta. Sólo eso hace. Lo miro, y me entran las ganas de sentirme él, loco, extraviado en esta ciudad ignorada por los mapas, por las rutas de viajeros. Gracias, joven—me dice cuando dejo en su sombrero un dulce, después me alejo escuchando pronunciar sus acordes quejumbrosos. La plaza también tiene luces, él es la más luminosa. Dejo pasar la comezón en las costillas, dejo que me rebasen, dejo que el automóvil pase antes de cruzar la avenida. Cosas vanas. Paseo, me quejo, regreso. Pero ¿qué es esto de regresar? ¿A dónde? Invento un camino para poder decir que vuelvo, tuve que salir de ello, para sentirme muy cómodo al llegar, y estar aquí. Lo último es la página, el límite que pongo, el límite que perforan las palabras. Redundancia, diría Germán. Y ahora las cosas insolentes, las cosas que pesan, las que están detrás, guardadas y que a fuerza de tiempo se ponen más bellas. Y cuando digo peso, hablo del peso físico de los objetos, de la atracción hacia la Tierra. Pero hay un peso en mi cuerpo que no cae, que se demora dentro, sin que pueda irse a ese axis-mundis maya. Es un peso que se eleva como un globo, que me inflama, proclive a la lluvia, esperanzador del cielo y de la noche. Peso que me hace tambalear, como si un dios me acercara demasiado su aliento. Pero el camino estaba solo, siempre así, no sucumbí, y lo avancé, y escuchaba mi soledad, y cómo es de sonora, mis zapatos parecían cascabeles, el viento era desviado por mi cuerpo, lo natural y artificial era nombrado, existido; y estando tan solo pensé en ti, y existí entonces. Llegué a la casa. Dialectos llueven en la sala, con una lucecita mínima, casi perfecta, como si no hubiera muros y estuviera afuera. No hay cuadros decorando las paredes, ventanas simples, vanos que nos dejan pasar para tener la sensación de las dimensiones: lo minúsculo del lavabo, lo esperanzador del patio, alto, hasta el cielo. En fin, palabras, inicio y término, palabras.
here
Seurat

jueves, abril 17, 2008

XII

And were you lost, I would be,
Though my name
Rand loudest
On the heavenly fame.

And were you saved,
And I condemned to be
Where you where not,
That self were hell to me.

So we must keep apart,
You there, I here,
Whit just the door ajar
That <> are,
...

ED

martes, abril 15, 2008

Antifaz

yo no podría verme aquí. enhiesto.
se cubrió.
las cosas se cubren.
alfombrita de polvo.
se limpian o se tapan con manteles de trattoria.
con plásticos de papelería.
metros exactos dados por manos finas.
frías como álgida mañana de Ciudad.
se hace tarde.
se descuelgan los ojos de la cara.
se desgajan sobre el pasillo los pasos de los señores.
lo cubren,
lo tapa el sonido de sus pasos.

lunes, marzo 31, 2008

Shape

Sign
"Un álamo y un baobab durante la noche, cuando nadie los ve, conversan sobre fotosíntesis, sobre ardillas, o sobre las numerosas ventajas de ser árboles y no personas o animales o, como ellos dicen, estúpidos pedazos de cemento. Ahora mismo, refugiados en la soledad del parque, los árboles comentan la mala suerte de un roble en cuya corteza dos personas grabaron sus nombres en señal de amistad. Nadie tiene derecho a hacerte un tatuaje sin tu consentimiento, opina el álamo, y el baobab es aún más enfático: el roble ha sido víctima de un lamentable acto de vandalismo. Esas personas merecen un castigo. No voy a descansar hasta que tengan el castigo que merecen. Recorreré cielo, mar y tierra persiguiéndolos"
A.Z.

miércoles, marzo 12, 2008

El momento

Empiezo por decirte palabras, que se mecen en el viento y deciden al instante ese qué pasará de los cuentos. Correteo tu figura con el pulsar de mis dedos, te acallo porque desato el corsé de tu boca. Desisto y resisto mantenerme cerca, silencioso como una luciérnaga, vivo de tu repentina luz. Te escapas. Me engulle la noche de precarias estrellas, sin cimas para ondear tu nombre. Los gritos se pierden en el espacio de la distancia. Invisibles, nos acostumbramos a no escuchar, a desandar el camino en un atroz ataque de pesares y de alegrías. Sí, ese siempre inconexo en el que te encuentro y te escapas y sigo sin entender el porqué. Desisto y resisto los instantes sin ti. Sin tus maneras de andar por la habitación, por la avenida. Sin poder verte peinar el cabello, las líneas finas de tus ojos. Sin lograr responder a tus miradas con múltiples besos como constelaciones misteriosas. Me acallas, no dejas de interpelarme Silencio, bandido amigo, compañero de viaje, amigo incondicional de infancia, de ciudades de pecho gris pero con ese reflejo a jacaranda en sus ojos: ventanas extraordinarias, donde se fermenta la tristeza y este mío, quieto instante en que tú, fugaz me nombras. Estas palabras no significan nada sin tu poder: maravilla mítica. Tu cabello interpela al viento, te despeina, entonces creo que el lenguaje es un espectáculo sin palabras. Mi respiración se acaba, preciso quitarme la escafandra, bucear a la superficie de tu rostro, mirar la noche y encontrar todos los resquicios en que vos estás.

sábado, marzo 08, 2008

Amanecerá

Multiplicada en los charcos, con tonos de jazz en sus pasos: Tete Montoliu, Count Basie y Tommy Flanagan. Las calles son el alma de su cuerpo. Nuevas calles, viejas calles medievales, renacentistas, modernas. Influencias musicales le hacen engendrar estrellas. Su cuerpo es un mapa celeste. Y preciso, en este instante de una cola de pavorreal para mirarla, porque sólo tengo estos ojos atentos en la página. De sus noches húmedas sólo tengo sus sueños. De las lenguas que mordisquean en alemán a la niebla, que tararean los hitos de la ciudad en catalán, que descansan con un bocado de francés en el paladar, que susurran poemas en español mientras los ambulantes cantan una serenata en italiano, y el chico dice taxi, bajo las luces de neón poblada de palabras anglosajonas. Entonces vira en la esquina. Se oculta: perla en la ostra. Vendaval el sueño en sus ojos.

miércoles, marzo 05, 2008

Transporte

Desde ahora mismo y aquí, parte de mi alma parte a tu encuentro.

lunes, febrero 25, 2008

De afuera

Camino sin pasar por el centro. Se borran los contornos en la memoria de los edificios de piedras blancas, de los tejados mohosos. Le doy la espalda. Descentrado. Enhiesto camino. Querida ciudad que se empolva; lavadita cuando la recuerdo. Transito entre las agujas sombras de árboles y postes desechados. El polvo pervierte el ambiente, los ramales se multiplican a los pies. Tantas rutas y, sin embargo, sólo podemos ir por aquella, la que nos acerca. Pongo cruces en la tierra—que dibujo con el zapato—para ubicarme en estás anchas avenidas, donde crujen los ruidos del abandono, y las paredes grises, menospreciadas por los vándalos, cantan un aria de penosa soledad mientras transcurre el día la tarde. Todo es silencio en la mañana, los perros hurgan las bolsas de basura que arrojaron anónimos convoyes en la noche; ruidos de metales se precipitan al suelo, despiertan a los dormidos pájaros; entreveo el color de las jacarandas: pequeño atisbo de ternura que confronta al perezoso entorno. 18:16 hrs.

Estático



"El arte es una broma"
Maribel EV

Poder ir a la oficina postal, cepillarte los dientes, asear a tu gato y después de hacer otras cosas, regresar y no haberse perdido ningún detalle de la vida; de cada momento.

domingo, febrero 17, 2008

Closet

Las cucharas ya no están en la sala. Ya no tengo el dolor de cabeza. Abro las ventanas. Crujen las losetas a mi paso. En la cocina pondré esta y otra lámpara. En las recámaras me cubriré con aquellas sábanas blancas. Las cajas se doblaran y llenaran de cartón los basureros. Mis gatos podrán revolcarse en el jardín. Parece que sólo a uno se le quedó el color buganvilla en los ojos. Mis voces las escribo, me pautan. Son las mismas. Los gestos iguales y las articulaciones lubricadas. La paciencia me habla. Terminan los días de sacrificar cosas; hay un nuevo comienzo y lo atestiguan el espesor de los muros que conforman esta casa.

jueves, febrero 07, 2008

Journey

Habíamos escrito sobre la mudanza. Habíamos dicho que las cosas habían dejado, a fuerza de estar mucho tiempo sin cambio de lugar, su contorno, dibujo preciso que unas manos y ojos sensibles podrían notar al ver el espacio vacío. Hay que tomar una foto del sitio con las cosas fijas—le dije a hmna—y otra cuando esté ya sin nada. Pero hmna no asintió. A la casa sólo le queda la piel, es un cuerpo sin corazón, sin entrañas. Y a nosotros no nos queda nada, sólo, quizá, las palabras donde podremos mencionarla, las pláticas… porque avanzando los días irá quedándose lejana como esos pueblitos azules que entre-vemos cuando vamos de viaje. Todavía hay objetos que se resisten a salir: los hoyitos de clavos adheridos a la materia pétrea, los continentes que apareció el café en la alfombra, la cinta diurex, que creímos invisible, y nos sirvió para pegar ocasionales estampas, recortes de periódicos, dejó sus límites en vidrios, paredes. El sonido de la buganvilla; sus hojas irán acumulándose en el pasadizo de la entrada, hasta que vengan otras manos con utensilios a removerlas, a descubrir los rastros que dejamos al dejar la casa. La abertura de la terraza, que allanó—como dice Lawrence—la partida.
Wolfgang Tillmans

lunes, enero 28, 2008

*

Mi corazón vuela a Barcelona.
htb
Y yo camino al poniente como un sol que se levanta.
En la nochecita, cuando nuestras líneas se espacían, te beso.

jueves, enero 17, 2008

La banalidad

“Estoy solo, completamente solo junto al mar y en esta habitación. Si hay algunas personas en este lugar, no se preocupan por mí, y yo no me preocupo por ellas. Vivimos en la mutua indiferencia. Ellos son cosas para mí, yo soy una cosa para ellos. No nos interferimos ni nos consolamos. He venido hasta aquí, donde nadie me conoce y no conozco a nadie, para estar solo con el estruendo del mar y los ladridos de los perros en cautiverio, los alaridos de los niños inexistentes y las marchas militares de los tocadiscos sin dueño. Ni siquiera el viento me conoce, ni siquiera él me tiene en cuenta mientras ulula atravesando las ventanas de los rascacielos vacíos que se conmueven a su paso. El tampoco se ocupa de mi soledad, no entiendo su lengua, ignoro la letra de sus canciones insensatas. Sobre todo, no hablo. Para tener algo que decir debe haber algo que sea decible. Yo miro a mi alrededor y sólo encuentro objetos solidificados, congelados por el invierno supremo, perfectamente ajenos y exteriores; camino entre estos cadáveres, sin encontrar en ellos nada que pueda convertirse en palabra: he olvidado cómo se llaman. Cuando cae la noche, quiero mirar por la ventana a las casas de al lado y la ilusión diurna de vecindad se disipa, no aparece ninguna luz. Son las casas de nadie y nadie habita en ellas. Esta es una parte de mi vida completamente al margen de mi biografía. Tengo que conectar rápidamente mis aparatos audiovisuales para ser yo durante un tiempo el que vigile al mundo, en busca de un poco de calor inhumano.”

Frag. de José Luis Pardo

lunes, enero 07, 2008

Enero

Lucerito sin vela. (manu.)

Los ciclos, intervalos de veinticincominutos. Las vueltas.
En enero nos cubrimos con gruesos edredones. En éste no.
La ciudad se abre, incontinua, la tierra desaparece sin
la ilusión del que corre con la cometa, y los foquitos
se destornillan o se funden, y se quiebran con piedras
en el territorio de nadie. Los ojos se empañan, se me
llenan de polvo; entonces el detonar a lo lejos hace volar
los albatros, incursionan a los centros artesonados de
tramposas edificaciones. Escarlatas tan lejos. Más allá
del océano y en el cielo ya nada. Enero me persigue. La
tradición se guarda en una cajita, y el tiempo se espesa.
Hace falta mover las piernas, faltarle el respeto al
impulso que dejan caer estas palabras. Complejidades—dirías.
¿Qué hay entre esto y dónde no estas que no te siento aquí vida?
Parece que floto entonces, y oigo las carcajadas de los hombres,
dejan su camuflaje, desaparecen. El cuello entonces se me viene
abajo como uno de pato, y siento las tiritas, los cortes como
estrías surcandome el cráneo. I need to skylight... El estuche
está vacío, hace falta allí la mano; esta mano triste que observo,
de dedos que se curvan, de pliegues que liberan antiguas caricias,
y entonces empieza a erosionarse; esta mano seca como una tinaja
sin agua. Ah, enero, tan de repente te olvido y me ladras tu vuelta,
impertinente, seguro.

lunes, diciembre 31, 2007

Sin titulo

Desde tierras calentanas. F e l i z . por qué no?

sábado, diciembre 22, 2007

Waiting

I was waiting for the miracle... L.C.

Pendón

miércoles, diciembre 12, 2007

Ruiditos

Irrumpen en pleno día, en medio de las actividades cotidianas. Con ellos el espacio adquiere otro nombre. Parecen adherirse a los lugares y buscan, impelidos, la integración con las cosas. Salgo al empleo y están por todos lados, a veces quisiera no escucharlos y me llevo las manos a los oídos, anulando, aunque sea por segundos, el sentido auditivo. Y yo me acuerdo de tu voz silenciosa que llena toda la escena, que veo en cámara lenta, de la calle: el tráfico de flores, la fila de señoritas y jovencitos con el uniforme bicolor, las nuevas versiones del periódico, las lucecitas navideñas más bien tristes de la mañana. Todavía resuenan, como ecos, los cohetes que lanzaron anónimos en la sombra. Anoche pensé que cuando el alba ocupara toda la atmósfera del pueblo ya no estarían aquí. Sin embargo, otra vez despertaron en mí. Empezaron llenando el balcón, expandiéndose en su superficie llana y lánguida, modificada a veces sólo por las flores color índigo que se desprenden de la buganvilia, parecida escena, a las de la nueva loza de mi madre. Irrumpieron bruscamente en este espacio que llamo casa; escabulléndose por la ventana, como vulgar ladrón, con su ruido luminoso, repleto de artefactos, de hierros trompicándose unos con otros, de silbatos: de los pitidos matutinos que se enredan en el nervio y agudizan la estancia.

jueves, diciembre 06, 2007

Con el anhelo dirigido hacia ti...

yo estaba sólo, en un rincón del café
cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,

Tal vez fue algo de la puesta de sol,
o algún efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló
y no importó ya ni siquiera porqué,

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también.


notas de pie de página:
1) letras: JD.
2) estado más o menos.

martes, diciembre 04, 2007

Después del punto

Me imagino que entonces se paraba, contento, ya sin el café amargacho; además pleno. Se levantaba, veía por la ventana que hacía calor, que el día marchaba y las líneas se iban apilando en el texto como la suerte iniciática del media cuchara cuando éste hace su primera barda, o muro, o pretil para sustentar las tinajas. Entonces pensaba en lo último que escribió: como los personajes de Goya, los que gritan de terror, de cólera y de esperanza; hasta que de nuevo, sin que lo esperara, empezaban las ideas, interminables incesantes a prolongar su discurso, a devolver la palabra a los que nunca la han tenido, a los que no la han gravado en inscripciones, ni dejado en tablillas y manuscritos.

miércoles, noviembre 28, 2007

De sueños

Ella soñó conmigo, y yo lo supe porque me lo contó. Estaba segura de que caminó conmigo, de que sufrió conmigo, de que la suerte nos acompañó. Estaba con su esencia. Ella.
Elegía

sábado, noviembre 17, 2007

De ti

Antes de ir a la cama quiero ver eso que me leías. Y sin querer lo he encontrado, pero no aparecieron los colores que se acoplaban a tus ojos. Me leías, con ese leer nervioso que tú tienes, mas bien tímido gentil claro:

“Para algunos —¿qué no serán acaso aquellos afectados por el gen del pesimismo?— en este siglo XXI ya no hay nada más por descubrir porque aparentemente ya lo hemos hecho todo: hemos mapeado y remapeado al mundo, contado ríos y estrellas, censado animales y plantas, catalogado —o descatalogado— planetas, desplegado al hombre que somos hasta en lo más íntimo de sus estructuras y componentes… una tarea titánica empeñada en los siglos de los siglos sin pensar quizá que aquel mundo, en el palpitar infinito de la diversidad de sus componentes y criaturas, podía zafarse, desplazarse, interpelando tranquilamente nuestras grises letanías de nombres y definiciones, inventándose y reinventándose continuamente desde lo más secreto de los imaginarios rizomáticos”.
“Pero ¡cuidado! ¡Que quede claro que el artista no es Dios, ningún Dios!, porque Dios crea y el artista inventa. La invención prolonga la creación agregando a lo creado algo más misterioso, como una especie de futuro que ya se viene incluyendo a toda prisa al presente, lo fagocita, lo nutre y lo enriquece, reencantando a su paso un mundo azotado y entristecido por la razón. Me pregunto: ¿cuántos imaginarios de pueblos olvidados nos falta todavía por inventar? ¿A cuántos artistas tendremos tiempo todavía de convocar para que nos sigan enseñando a soñar despiertos? ¿Acaso se agotarán algún día las resonancias de las tierras de utopía?”
“...Estamos ya en los tiempos del paseo de la sirena. O de la conversación de las novias de la luna. En la visión de algún tipo de real infinitamente más revelador que todas las antiguas mimesis juntas, fecundado por la sorpresa del descubrimiento y del asombro frente a los cuerpos obstinados de aquel nuevo pueblo de utopía, abierto a la lenta pasión de un horizonte existencial todavía por definir. Cuando el artista se levanta, un pedacito del mundo se levanta con él, con su nuevo y reluciente traje de metamorfosis adscrito a otra circunstancia de génesis, sin ningún pasado inmediato por aquella región del mundo pero con muchos futuros por disponer en tiempos de nueva cartografía”.

texto de: Laurence Le Bouhellec

Travesuras

miércoles, noviembre 07, 2007

La ausencia de tu presencia

Mujer Sofá


Llevamos los días bien largos, colgados en “conferencias”. Cuando le gusta algo se toca el cuello. Escucho a Rufus Wainwright:

“Words are flying out like
endless rain into a paper cup…”

y ellas usan cortaúñas bonitos. La gente sigue hablando del marco jurídico, de política, y está allí el texto de Touraine

—la “ai” suena como “e”—me dices, y me hace cosquilla tu acento...

que me dijeron que leyera y no quiero hacerlo. Me saco el confeti de las bolsas de la camisa. Me hace ilusión salir de esas “pláticas” y entonces caminar los dos kilómetros a la casa solo. Y tomarme ese café que me recibe calentito antes de irme a la cama; o imprimir un dwg ‘bastante pesado’, y entonces pienso que si estiro la spinline se dibuja tu sonrisa, y puedo acercarme a ti, sin ningún tipo de ofset, sólo, llenando el espacio con música, ahora, de CocoRosie (By your side).

imagen de Antonio Saura, mujer sofá.

sábado, octubre 27, 2007

Eres 'vos'...

Esta luna de octubre, que predijiste, opaca la luz del farolito enfrente de la casa. La buganvilla es una estatua de aquellos pasos. Recuerdos entrecruzados esta madrugada-noche. Cansino me recordó los abrazos de Zambrano con Zampuico, y yo encontré éste, que rescato del tedioso jueves.


Zampuico


No tengo sueño, todavía me faltan detalles técnicos en los planos. En los vanos intangibles que dibujo, se asoma el abismo negro de la pantalla que me hace recordar tu imagen; en los ejes, con su orden alfabético, con su colorcito verde, repaso una cronología de vidas que ya no están. Los quince centímetros con los que choco siempre se multiplican en el plano arquitectónico. Pero hay una estrella en la noche que me da lo más dulce, es ese tono afrancesado que tú llevas, es ese cómo.

miércoles, octubre 24, 2007

Ausente

El terror no está en la noche dulce que cae
y cubre de nieve lunar cada desnuda frontera
y une manos de sombra y en sombra deja lágrimas.
La vida es, ésa, la que se cura sola.
El verdadero terror se arrastra por dentro, donde
aunque el fango vuelva a cerrarse sobre sí mismo,
sigue llamando la voz desnuda.

Richard Blackmur

Sale sin diálogos, pensando en alejarse de este universo antropocéntrico. Cuenta las hormigas que se toman el agua de su vaso, el de color cremita que su hija le regaló. Va a la mesita, se sienta y mira las cosas que el hábito ha desgastado y cubierto de sedimentos. Encuentra relaciones inéditas, misteriosas. ¡Es mágico!—decía Germán—. Cuando escribe carga la tinta, se vuelve aproximativo, impreciso, lo hace adrede a propósito, otorgándose tajadas de vida. Su soledad es un término nuevo—¿cómo decirlo? ¿cómo explicarlo?—. Afuera, las luces del puerto mascullan invitaciones a ser voyerista. Afuera, de sus libros, los insectos gimen en la noche. Afuera, del campo visual de su visión, se prolonga su corazón hasta acá.

Retículas

El espacio ultraterrestre

Límite entre el espacio aéreo y el espacio ultraterrestre

1. El límite entre el espacio aéreo y el ultraterrestre sería aquel en el cual ya no existe atmósfera desde el punto de vista científico. La dificultad práctica que existe con esta teoría es la imposibilidad de precisar las fronteras de la atmósfera, ya que ésta no es uniforme, sino que comprende diversas capas.
2. Otra corriente sostiene que la soberanía estatal se extiende hasta aquella altura en la que es posible la ascensión y el vuelo de una aeronave en la atmósfera. La dificultad que ofrece este criterio es que el creciente progreso tecnológico en materia aeronáutica eleva constantemente la altura máxima en la que es posible volar. Otro problema, además, es el uso de ciertos tipos de máquinas híbridas que pueden volar como aeronaves mientras exista reacción aerodinámica, pero también pueden, con un sistema distinto de control, ser operadas como naves espaciales en ausencia de reacción aerodinámica.
3. También se sostiene que el límite entre el espacio aéreo y el ultraterrestre está constituido por el límite de campo gravitatorio de la Tierra, es decir, donde se desvanece la atracción terrestre y comienza a predominar la de otros cuerpos celestes. Este punto de vista ha sido criticado debido a que se extendería desmesuradamente la soberanía estatal, ya que se estima que la atracción terrestre alcanza hasta una altura de 260 000 kilómetros, en donde recién se produce el equilibrio con la atracción solar.
4. Para obviar estas imprecisiones y divergencias se ha postulado como límite máximo de soberanía y comienzo del espacio ultraterrestre una altura fija de 90 a 100 kilómetros. Este punto de vista tiene la ventaja de fijar con certeza un límite aplicable a todos los países y permite determinar con suma facilidad si un objeto dado se encuentra en el espacio ultraterrestre o bajo soberanía estatal.

En ausencia de un límite preciso, la opinión mayoritaria considera que el espacio ultraterrestre comienza por lo menos a partir de la altura más baja en la cual un satélite artificial haya sido colocado en órbita alrededor de la Tierra.

Tomado de: Ortíz Ahlf Loretta, Derecho Internacional Público

lunes, octubre 22, 2007

Cíclico

Días, horas. Amanecemos con una porción de tristeza, repartida en la noche estrecha y fría. Manos sin hablar. Ya no dicen lo que es recurrente, lo que nos pasa y sobresalta. El cuerpo se tomó su ración de infierno, ahora lo resiente. Presentimos en el amanecer de las cosas, las mentiras y las palabras que usan máscara. Inclinamos nuestros cuellos, desdoblando a fuerza de existir un alfabeto lleno de sonrisas. Cerramos los ojos, dormimos por los momentos en que extrañamos más. Intangibles, agotados, dubitativos, encerrados en nuestra carne marrón. Queremos respirar, que no nos detenga esa franja infinita de costa donde se hace imposible tocar el suelo húmedo, la arena tibia que enmarcó tus huellas. Nos vamos borrando lentamente, las fuerzas de no existir-nos son centrípetas. Las horas nos espinan. Dormir los anchos minutos, esconderse del tiempo para resistir. No, nada, no hay manuales ni libros que nos hagan gritar una loa a Tiempo. Debemos callar, mudarnos a las comparsas juveniles que nos degüellan la existencia, ser su carne de cañón y celebrar las tradiciones sabiendo que estas serán más peso para nuestra triste aflicción. Vivir, soñar, morir, y seguir estando con nosotros, hablándonos, respirándonos: haciendo del más simple acto cotidiano (coger el teléfono, meter la llave a la cerradura, peinarnos el pelo, cambiar la página del libro) el momento en que más nos reconocemos y, es entonces que dejamos caer esa lágrima, regando nuestras horas, días…

domingo, octubre 14, 2007

Cosas

Ahora el tiempo. Y sobre la mesa, las cosas: una tarjetita de la tercera edad, un “no me beses en los labios”, la portada de la película “El imperio contraataca”, un manual de técnicas de defensa, sets miniaturas para animalitos, el libro Architecture in Helsinki, una monísima estampa japonesa de estilo naíf, una ilustración de una mariposa en papiroflexia, manchas perfectamente elípticas de tazas de café, manchas solares en la pared, un collage de estelas mayas, una fotografía esplendorosa de Tin-Tan y Vitola, modestia aparte escrito en el borde de un periódico, fotos que recuerdan a las tapicerías de transportes públicos, un cromo de Mazinger Z, un flipbook muy bonito que me dan ganas de pasar el pulgar por sus páginas. Y sobre las aceras pasan los recuerdos de aquellos que veía en la tarde: un hombre llevando decenas de rehiletes, un trío de músicos con instrumentos diminutos...

viernes, octubre 12, 2007

Único

En la noche, en el camino, dixit Maribel: Pienso en Chilpancingo como un hibrido entre Cholula y Montevideo.


Losita
Imagenes de la obra "K", en Chilpancingo.

domingo, octubre 07, 2007

12:54 y 1/2

Comenzaré por escribir las palabras que recuerdo, las prolongaré en la pagina: las planizaré. Pronto se irá la pequeña noche que ensancha las horas en el pueblo, y llegaran las cosas vivas nuevamente a tropezarse conmigo. La cama me espera. Tu voz me alcanza las manos. Tus letras son como ríos en mí: fluyen, se calman, rompen... Distancia de cerros y de árboles nos acercan, los colores del sueño; nos besamos para despertar las estatuas: tú, de tu ciudad de templos y palacios; yo, de este pueblo repleto de capillas blancas y de santos. Quisiera acércame a vos y ser tu espacio

—rodear el tiempo...

ensanchar tu sonrisa; deslizar mis dedos en cada vertebra como en un piano. Las palabras me persiguen, hundo las manos en los bolsillos y salen volando como serpentinas, se van y vuelven, me acuesto en ellas sobre la grama. En la distancia a veces me atormentan, ojalá no las supiera, casi ninguna, pero al menos me quedara.....................

12:57

martes, septiembre 11, 2007

Model

Fuimos a la función del circo cómico francés. El chico de tirantes te recordaba a un cantante inglés. Su cuerpo lánguido, el maquillaje de su cara, y los pómulos que sobresalían de su cráneo, te hacían sentir cosquillas. Trabajabas en esa tesis, hasta el otro lado de la ciudad, y en los croquis de muchas cartas no dejabas de mencionar el perímetro de calles sugerentes: Soledad, Jesús María, Corregidora, La Santísima. Te alegraba sólo nombrarlas, hasta escribiste una edénica historia sobre ellas, sobre el ombligo de la ciudad y el centro de tu cuerpo. No sabes cuanto sonreías, al lado de viejos camaradas vestidos de color ladrillo, que por las mañanas recogían los restos de bombón de azúcar que sobrevivieron al sereno y a las bocas de los amantes, y con esos niños llenos de lágrimas los ojos al ver el meandro de luces adornando la plaza.

—es terriblemente hermoso.

El centro, donde trabajábamos y nos juntábamos. Para ti era fácil hallarme: en las tiendas de artículos usados de República de Argentina; en el salón Fosforo, cinito donde un señor te pidió amablemente que te callaras y muy seria estuviste toda la película; en Alhóndiga, compartiendo el desayuno con un vagabundo; o metido en los claustros: hay un abanico bellísimo de ellos en ese lado del centro, te encantaba exMerced (escrito de esa manera para acordarnos de las clases teóricas de Vicente Flores, y reírnos barriga llena). Ya después, cuando tomaste aquel avión, yo volvía recurrente a ellos, y el velador me decía: ¿y la muchacha?

En cambio, yo tenía que llamarte, siempre en tu torrecita. Y el punto de encuentro era el asta. Pero esta vez tendrías que cruzar más de la mitad de la ciudad, hacer un esfuerzo de viaje, ver todas las figuritas del metro, y con señales precisas bajarte en esa que representaba un caduceo, donde había que transbordar, trascendender. Se llenaban de simbolismos tus ojos hasta llegar a ese piélago de la ciudad: negro el suéter, alegre el rostro, cubos trazados con tinta en las manos. Las que después estarían pegajosas por todas esas naranjas que nos dieron al entrar en ese circuito de fantasía, donde estaban los artistas de la risa. Y vimos por primera vez en mucho tiempo, un juego de tenis emocionante e increíble, más vistoso que la estética de las películas de Jeunet y Caro, después del espectáculo de almohadas y de zancos que para todos sería, sin equivocarme, inolvidable; y escuchamos el reír sonante de muchos niños, doble alegría para tu corazón. Pensé, por momentos, que regresábamos al principio de la ciudad, a cuando se carecía de luz eléctrica, y que estos cómicos representaban faroles en estos sitios menospreciados y duros de la ciudad, o como en arquitectura, plazas para reunir a un bando con el otro, me acordé entonces de las casas de vagabundos de Turquía y del teatro de locos; del proyecto con las prostitutas de calzada de Tlalpan de Mauricio, y me alegraba mucho y te lo decía. Y la noche empezó a deslizarse sobre nosotros con ese todavía de ecos, y los olores a jugo de naranja se caían al cielo de oriente.


Model

jueves, septiembre 06, 2007

These Days

Sus maletas tardarían otros once días en llegar.
-Oiga, Baumer ¿Podríamos sacarnos una foto con usted?
-Con mucho gusto.
Había pedido que su acompañante habitual, la de sus días de gira, lo encontrara en el muelle... vía el autobus Green Line.
-Hola.
Como siempre, ella llegó tarde.


miércoles, septiembre 05, 2007

En el día

Hice bolita el papel y con él se fueron las palabras. El cesto está vacío. La mujer—contrabandista de sílabas—se las llevó en una bolsa negra de plástico. Las palabras se asfixian, las palabras se ensucian, se adhieren a los restos de la basura dejada: a la forma irregular de una cáscara de naranja, a los bordes sucios que quedan en los vasitos de café desechados. Las palabras se aventuran se marchan. Y la ciudad lo resiente.

La lluvia se nos ha venido encima, su olor provoca efectos subliminales, aparece horas almacenadas en sillones de manufactura antigua; revuelven las zapatillas la hojarasca de las baldosas de recinto, encuentran el relieve de una letra, una palabra que es una llave. Los ojos nos duelen entonces, fatiga no verte. Sólo encontramos audibles los cantos de pájaros. El tiempo se marchita después. En las ventanas se asoman las sombras de magníficos monumentos. La piel se resquebraja. Descansamos en los cojines del cielo.

domingo, agosto 26, 2007

Sugimoto

La carretera parecía un diorama.

HS


viernes, agosto 24, 2007

Paroles

Llueve. Te pensamos, te escuchamos.

L'amour nomade

Est vagabond
Ce n'est qu'un dirigeable
Vers l'horizon
L'amour bohème
S'en fout au fond
De ces impondérables
Désillusions
Déçues

Des pactes scellés
Qu'on croyait rompus
Des idées qu'on croyait reçues
La lune est pâle
Et son reflet dans la mer opale
Brille au loin
On est bien
Brille au loin
On est bien

L'amour frivole
N'est pas frileux
Il vit dans un atoll
Béni des dieux
L'amour suprême
Est vaniteux
C'est une tarte à la crème
Un double jeu de dupe

Un acte manqué
Au coin d'une rue
Un regard qu'on aurait pas vu
La lune est pâle
Et son reflet dans la mer opale
Brille au loin
On est bien
Brille au loin
On est bien

Coralie Clément/La mer opale

martes, agosto 21, 2007

Hay algo...

La ciudad revisitada, ciudad de la resistencia, ciudad íntima. Hay algo... en tus pasos, cuando caminas. Parece poco el tiempo que ha pasado. La memoria, donde la ciudad pierde su nombre. Yo te respiro calles, yo te siento altivos muros, yo te veo imponente campanario, y te atravieso en tu noche, cuando el regalo es un opúsculo de agua; y van tus huellas marcándose en mi pavimento, en la esquina Profesa de mi cara. En cada rincón hay una risa, hay la visión que se fugaba, y los pasos que caminan son otros pasos que los pisan. Nunca te acabas ciudad inmóvil, y yo te palpo como aquella lluvia.

m.

miércoles, agosto 15, 2007

M.

Despierto místico, abro los ojos a tu nombre. Olfateo los carros que vienen, me apresuro a chistar. Alguien dice “el clima en Puebla de los ángeles”, y giro el cuello bruscamente como si estuviera buscándote. Pantalleo, me fugo por momentos, siento como se va desplegando de mí la pereza acumulada en las horas de sueño. Mis manos están frías, pero en mi pecho, un motorcito se pone en marcha. Las cosas están allí, presiento que me miran, es el momento en que más se está solo: cuando cogemos el peine, cuando escrupulosamente trazamos con la plancha las líneas de la camisa. Creo que sin nada de esto estoy completo de ti

—de vos.

Empieza a haber más ruido. Tránsitos continuos en las avenidas, muchachas de faldas violetas, voceadores mugiendo, jóvenes con zapatos recién boleados, indígenas metidos en un cotón limpio, bordado con conejos—como una foto del bestiario nuestro—de hilos azul y blancos. Parece que vienen de Ometepec; alguna vez estuve allí, de paso, escuchando la guitarra y el violín. Olores a flores por doquier, ya te he contado que los camiones llegan cargados de ellas por la noche, su estruendo, que interrumpe o exalta una conversación, hace temblar la buganvilla, y adivino que causa pánico en algún distraído transeúnte. A riesgo de todo pasamos, hasta a riesgo de olvidarme en una esquina, camino. La luz del día festeja nuestro reencuentro

—es que es tan larga la noche, a veces.

y vuelvo a proyectar mi sombra. Secretamente le hago cosquillas a las banquetas. Miro a los lados, al cielo. Miro dentro de mí y te encuentro grabada. Sólo pocos, cuando voy en el coche, pueden ver que yo te llevo, porque, cómo explicarlo, saben mi sonrisa.

miércoles, agosto 01, 2007

Primero

de agosto, es un momento muy importante, definitivo.

La sangre gitana que llevo dentro, se mezcla en cóctel de dulce sabor; es agosto, así cantan los Héroes, letras preparatorianas. Mes del cumpleaños de mamá, mes de Agustino—mi gato desmedrado—mes de los infinitos agostios que leímos en Aira. El señor trae un sombrero escarlata. La muchacha oaxaqueña regala imperdibles. El pájaro canta, Tété también. ¿No quiere otra cosita? A ese joven le falta un tornillo pero come chocolate y juega ahorcado: _o_e. El sonido de un aerobús se clava en el cielo, y me imagino un pastel con forma de estípite. Los árboles son tarandos

—“El tarando es un animal grande como un joven toro, de cabeza como de ciervo, aunque algo mayor, adornada con astas largas y ricamente ramificadas, pata hendida, pelo largo como de oso grande, cuero algo menos duro que una coraza. Pocos se han visto en Escitia, pues muda de color según la variedad de sitios en que pace y mora, con lo que viene a representar el color de hierbas, árboles, arbustos, flores, lugares, pastos, peñas y, en general, de todo cuanto le es vecino; esta propiedad le es común con el pulpo marino, que es el pólipo, con los toes, con el licaón de la India y con el camaleón, que es como un lagarto tan admirable que sobre su figura, anatomía, virtudes y propiedad mágica escribió Demócrito un libro entero. Así lo vi yo mudar de color, no sólo por su vecindad con cosas coloreadas, sino por sí mismo, por efecto del miedo y otros sentimientos que tenía; como sobre una alfombra verde lo vi verdear, y, al poco tiempo, volverse amarillo, azul, pardo y violado, como vemos la cresta del dallo de Indias, que muda de color según sus pasiones. Lo que más admirable nos pareció en el tarando fue que no sólo su rostro y piel sino todo su pelo tomaba el color de las cosas a él vecinas.”

la fuente luce húmeda, la tierra blanda espera la lluvia de este mes, de agosto. Todo idéntico, mas hay palabras (Hagosto), hay secciones, hay ritmos. El tiempo como la escalera por la que asciende infinitamente el A Bao A Qu, el tiempo partidito para que sea más fácil digerirlo, con trocitos de treinta y un días y visitas al dermatólogo. Me siento con el cuello torcido, así no me sorprendes vida. Y pensar que ayer estaba la palabra julio (del lat. lulius). A veces no entiendo, ¿por qué tantos cuartos? Qué es esta función de ballet, esta muestra circense de payasos sin maquillaje, podría perderme, ya estoy perdido.

N. inventó un calendario para sí, unas horas para sí: dibujó ventanas de tiza allí donde unos hombres habían tapiado los muros. En fin, siento esta palabra en la cabeza: agosto.

martes, julio 31, 2007

De bitácora

Y henos aquí, de nuevo solos, pero la soledad es muy peor que la de la vez anterior, el espacio no canta de soledad, el espacio no canta sea lo que sea, el espacio llueve, neva, viento—pero eso nada nos dice. Estamos solos de una manera tímida, anestésica, y pues sea como sea no hay salvación (admitiendo que escapar a la soledad sea que nos salvemos), pero no es de admirar que anhelemos el gran espacio con su música, diabólica pero sublime, con su aislamiento. Implacable, pero higiénico, con su ausencia total de vida, a buen seguro, pero al mismo tiempo con una ausencia igualmente absoluta de toda la obligación de buscar contactos, de toda la necesidad de sonreír cuando queremos llorar, de acariciar cuando queremos arañar, de buscar amigos cuando acabamos justamente de descubrir que el mundo está lleno de enemigos. Aspiramos a los instantes de completo abandono, a los instantes de soledad brutal y sublime con toda la intensidad de su esperanza y todo el ardor de sus ojos, dividimos un secreto peligroso, fuimos iniciados en el modo del empleo de un veneno terrible llamado soledad y, como morfinómanos, dividimos de ahora en adelante la vida en dos periodos: la embriaguez y la recuperación...

martes, julio 24, 2007

Chalina

Je t'aime tu m'aimes on s'aimera
Jusqu'à la fin du monde
Puisque la terre est ronde
Mon amour t'en fais pas

contigoacá

La noche, venga esta noche, la de anoche, la antenoche. Y me rodea este color—tú color—que es un aroma, de piedra, de agua cincelando el pavimento que pisamos; y la multitud de hilitos de colores atravesándonos; del frío que llega y adivina en mi cuello tu sabor. Nuestra sonrisa se columpia en las sombras que dejaron Max y Valentina, en la sonrisa del niño-recepcionista, en los ojos de aquel sediento; y es muy dulce en el caramelo que moldeaban las lenguas de los nenes: tus regalos.

miércoles, julio 04, 2007

Cuadro

Querida, hace un tiempo de canela, hay árboles de hojas rosadas. Los días pasan muy francos: el otro día estaba en el Matutino, ese que me gustaba por tener el cuadro que pintó Leonora Carrington antes del terremoto, y tristemente fue desplazado por un paysage de Bertrix, lo sufrí mucho y mi tristeza empezó a doblarse porque no estabas tú para hablarte y decirte estas cosas. Era mi sitio en suspenso, y sentí aversión por él.

—qué exagerado...

Y el dueño, un francés melancólico, me contó que lo envió de regalo a la patria. No se enoje—me decía—hay cosas de este país que son el reflejo de mi vida, y ellas abisman menos mi ausencia en Europa.. ¡tiempos aquellos! Me acordé de Cela, y sí, este señor tenía cierto aire de Camilo José: y puse ese paysage—qué bonito se oían sus palabras—así, como usted lo ve, grande como una ventana, para poder darse, cuando uno lo desee, clavados a los recuerdos. Y se quedaba quietecito como una paloma mirando su Bertrix que para mí era como un Altamirano, un paisaje de Tierra Caliente, una forma de tus ojos, ¡antiguas miradas! Desde aquí empieza a llover, veo la lluvia transformándolo todo: la gente con celeridad agujera las fachadas, los paraguas giran como pirinolas, los anuncios lloran y por los bordes de los toldos se derraman pensamientos y flores que contrastan este ver llover, así, única prueba de que el mundo está conmigo, previniéndome de ir ágil por el pavimento, procurándome quieto para verlo mejor, el mundo me enmudece de belleza con su vestido de agua fría. Y en esta soledad tú me estallas en la mente, como castillito de feria. Quisiera no asustarme de pisar el suelo tapizado de agua, que no hubiera vacíos entre mis pasos y tener la posibilidad de disfrutar el placer de andar sobre la lluvia, pero me reservo y mejor lo veo: a mi alrededor las personas ríen o están calladas, y beben poquito a poco su discursito de té y café. Los ojos azules del dueño también se ríen, y la señorita se acerca con ojos de hada madrina, con perdón de usted—me habla—desea algo más, y yo le contesto con un pues como de hombros. Y estoy solo, sí, tu lugar siempre está reservado, junto a mí: esa silla, donde me acuerdo de que no estás, está a mi lado como un objeto precioso esperando por algo que suceda. Si pudiera, como un escultura de Scrabble, hacer una silueta de palabras y de cartas... aún así, me temo que sólo estaría llena de palabras que nos gustaban y aunque tuviera tu forma, tu manera de agarrar la pluma, sólo serían como ese paysage de Bertrix, ¡ah! tanto que ha pasado y el pasado se acomoda en las palabras. Escribiendo hace un momento lo que no existe más: subterfugios. Una rápida impresión que se vela pronto y llueve más intenso, las nubes chocan como los amantes, y Paz dice: el mundo nace cuando dos se besan, repito a Octavio desde mis entrañas, y te nombro querida ausente, reflejo de mi tiempo solo, y sé que seguirá cayendo esta lluvia que se convierte en reja y sólo puedo verte así, a ti, de esta manera.

domingo, julio 01, 2007

miércoles, junio 27, 2007

(Bis)

1

Paso las horas calurosas silbando tu nombre, como si lo llamara distante, Pan, dios de los bosques—tu nombre—; de las montañas devastadas por los incesantes rayos de sol, de color rubio como cucharita para revolver caaminí, y lo bebo y lo sigo llamando, y el silbido pasea invisible por las estrechas vías de la ciudad, dormita en la sombra del campanario de la Asunción. Visible en las vitrinas se asoma y quien lo ve endulza sus ojos: miel, trocito de cajeta, pinolito, cachito de baqueta. Reencontrarme con él quiero, en la página, en la sílaba que sale de mi boca; y silbo, todavía, con fuerza de ala de grulla, por pasadizos y avenidas esta alegría.

2 (bis)

Paso las horas calurosas silbando tu nombre, como si lo llamara distante, Pan, dios de los bosques—tu nombre—; de las montañas devastadas por los inclementes rayos de sol, de color rubio como la cucharita para revolver caaminí en casa de don Estuardo (ese escritor morriñoso, que llora su ostracismo), y yo lo bebo sin pudor, lo llamo; y mi silbido pasea invisible al lado de los peatones, hasta llegar a la plaza: dormita en la sombra del campanario de la Asunción. Es visible en las vitrinas de los comercios de calle Zapata y quienes lo ven endulzan sus ojos: de miel, de cajeta, de pinole, de baqueta. Reencontrarme con él quiero, en la página, en la sílaba que sale de mi boca; y lo silbo, mucho, con alegría, como si estuviera cantando.

viernes, junio 22, 2007

Pátina de noche

Somos como el espejo, podemos vernos, intuirnos, adivinarnos, sospecharnos, sin embargo cuando te toco sólo siento la palabra que escribieron mis manos para ti. Extender el brazo no puedo hay milímetros de espesor que me detienen, tan poco y distante. Veo mi rostro en este espejo buscando tu rostro, que llevo como un tesoro en el desorden de mi otra memoria: la USB. Cuando el fuelle de las horas se estira mucho presiento que el día está a punto de reventar, y de esa revolución aparece tu constelación de letras, y yo me siento contento aquí, extrañándote a veces azul y muchas nublado, queriendo, a lo Albert Camus, que caiga bruscamente la tarde, y que se espese la noche y que por esa ventana abierta entre el aroma de tu presencia y de las flores. Y sentir después este derramarse agradable de la noche sobre mi cuerpo moreno, escuchar sus ruidos que suben desde todos los pisos de la casa, cargarme de presagios y de estrellas, dejar que se deslice el sueño en mí con tu nombre en mis labios.

jueves, junio 14, 2007

El recuerdo complementario

El recuerdo complementario ¿Qué es? En Amenema un grupo de filósofos y pscoanálistas ha tratado este tema con mucha emoción pero sin llegar a acuerdos que logren hacerles caer al pez. Los argumentos más ambiciosos sugieren que es una reacción al olvido, un alegato a la fantasía, un dejarse vivir (cursivas de la revista Dipnoo). Ninguna responde a la pregunta. En Zitutiz, lugar que reunió por primera y extraordinaria ocasión a los peces gordos del pensamiento, se decidió finalizar este capítulo infructuoso porque “ha sido un caudal de sospechas y temores”, “pérdida de presupuesto y un constante buscarle peras al olmo” (Le Motive, 1982). Sin embargo, definir el enunciado podría, de alguna manera, “hacer trastabillar las fibras más cercanas al corazón y a la memoria” (Sánchez, 1919). Se planteó el caso del pez enemigo, animal falaz y lúgubre, habitante no de océanos sino de globos de cristal dispuestos en repisas o mesas, que siempre está siendo nuestro ‘enemigo’ pero no recuerda que lo fue con anterioridad. Es difícil—dice Jhons—precisar que un ente olvidadizo sea más feliz que alguien que no olvida, es un disparate, pero parece que hay una posibilidad. El pez enemigo, solo en su cilindro irónico, mostrando que después del límite hay más pero nunca podrá llegar, como una emulación de los deseos humanos. A veces juntan su forma ahusada al vidrio hasta tocarla con la punta de su boca, pero lo olvidan casi al momento, y siempre es un estar haciéndolo de nuevo, muy a lo Sísifo. Pero la verdad es que no creemos que el pez enemigo sea un Funes desmemorioso, es en suma un engaño, una treta ágil de ese vertebrado acuático. Su soledad es un espejo de la vida humana, su imposibilidad de atravesar el espesor del cristal, es lo que nosotros llamamos esperanza, y estamos allí sumergidos en un azar de ondas: su movimiento es nuestro desgaste. Su mecanismo actúa como un péndulo en nuestra vida. Pero yo me río de los peces de colores—agrega sárdonico—el pez enemigo al encontrarse con nosotros nos reconoce siempre nuevos, nos infinita, nos perpetúa como una tortura. El mundo es sostenido por un pez: Bahamut. Las últimas teorías acumulan más páginas al misterio de ese animal, se dice que su relación con la vida tiene probablemente un pasado adánico. Un pez siempre cree que eres tú, un pez cuando empieza a quedarse sin agua llora y nada en su dolor, revive. Historias como estas se encuentran en el catálogo de Consultants, fechado a principios del siglo XIX: Al querer dibujar al pez este desaparecía, escondiéndose en una de las combas de la pecera, y cual fue mi sorpresa que al ver mi boceto estaba mi figura, mi cabeza, mis manos estaban recubiertas de escamas… El terror se apoderó de mí cuando mi padre trajo la pecera. Y yo lo vi y él me miraba condescendiente, yo estaba encerrado en el círculo de sus ojos… El pez enemigo, discrepa Jhons, es una felonía, mantenerlo en su cilindro transparente es decirnos a nosotros que todo estará mejor, es querer perpetuar la vida, es creernos que atrapamos a la mano que nos va a juzgar; aunque estas últimas palabras suenen a las que salen de las bocas de los que predican el juicio final, hay que creerlas—dice Jhons, compungido—al pez enemigo hay que tenerlo cerca, muy cerca, como dice el dicho, porque está a punto de desatar su secreta rabia.

miércoles, junio 13, 2007

Cien Años

Pasaste a mi lado, con gran indiferencia
Tus ojos ni siquiera, voltearon hacia mi
Te vi sin que me vieras, te hable sin que me oyeras...
y si vivo cien años, cien años pienso en ti.

Había un organillero. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Un aficionado—el hombre—, sin su gorra beige, ni su camisola; con regularidad movía la manivela y del aparato salía “cien años”, exquisito tiempo—imaginé—alegres recuerdos. Tal vez era un viajero que con su antigua caja andaba repartiendo nostalgia, qué más. El sonido del organillo rasgaba la piel, podía transportarme a la ciudad de México, a donde quisiera, pero estaba aquí, había que disfrutarlo. Ahora las palabras no surgen claras como esos boleros de los tiempos idos, son imprecisas. Cuando escribo así estoy abstraído, recordando, estático, con la visión retraída, con la mente plegada. En algún lugar debía de tener un lápiz—ayer—cuando estaban frescas las cosas y la música del cilindro era como una esencia que iba subiendo por la portada de la Asunción, estaba cargado de palabras, pero no tenía un lápiz, nadie tenía un lápiz entre toda esa gente, no había algo con que escribir. Me sentí como Benjamín Sachs en Leviatan, cuando le pidió un autógrafo a Willie Mays, jugador de los New York Giants, y como ninguno tuvo alguno el gran Willie Mays se quedó ahí mirando en silencio... volteó y encogió los hombros... y entonces se fue caminando, fuera del campo, hacia la noche. Así se me escapó de las manos “cien años”, de vuelta me aferré a las luminarias opacas, ya sin gente, que me guían a casa, contento, le puse un cerrojo a mi recuerdo y dejé que el tiempo y los sueños se desplegaran al dormir.

jueves, junio 07, 2007

A su falta, palabras.

Ayer caminaba con mi padre,
recorriendo montañas,
hoy no está aquí y
su recuerdo no es suficiente.


Al llegar a su casa uno nota que en el corredor interminable la falta de luz es a propósito, la ausencia de reflejos permite ver en cuadrángulos perfectamente alineados fotografías de viajes y, en el centro del pasillo, un diosero: réplica diminuta de un jaguar, tal vez chiapaneco, con los colmillos de un cristal verde. Hay una fotografía muy bonita, de Puerto Marqués, que rivaliza en belleza con maravillas del mundo, probablemente la del Louvre es la que más se le acerca: se mira una pareja, típica fotografía de turista, pero, seguramente, marinada de recuerdos y nostalgia. El hombre sonriente—padre de Alpha—alto, más bien flaco, abraza a una joven de pelo negro y lacio. Su padre no era de los que creía que hay que esperar para que surja algo inesperado. Había dejado Nicaragua después de la llegada al poder de los Sandinistas. Dejó en Estelí toda una vida para irse a una desconocida, seguro de que en su pensamiento siempre estaría su país como los volcanes en Managua. Cruzó a pie la tierra centroamericana hasta el bordo mexicano, bajóse por la selva plagada del misterio de los ojos de las onzas y de la hospitalidad lacandona; sin miedo, llegó al pacífico, horadando la superficie de la playa sus pies. Decidió continuar al norte, paralelo al océano, mar amigo de infancia, mar reencontrado aquí, corriente ilusa esperanza. Alpha me cuenta estás cosas a pausitas, bebe de su té, un regalo de su confidente de tristezas eventuales, el Venado Vivo, el mismo que le enseñó a dibujar mándalas, y le lee poemas de Celan. Fue generoso—me dice—sí, mi padre. Decía que no hay que estar adherido a una calle, que hay que llegar al cielo apretando los pulgares, así. Es que hay muchos cielos. Cuando veo tanta gente reunida en la plaza, los imagino, allí, por encimita de sus cabezas, son parecidos a las proyecciones del comic. Era generoso—hace pausa. Era tan triste a veces y terriblemente alegre, insoportable. Nos escribía cartas cuando éramos bebés para que las leyéramos creciditos, Jorge, mi hermano, lleva una de aquellas siempre consigo, ¿no te parece sentimental? Alpha seduce a uno cuando habla, la escucho con grandes ojos abiertos, la veo mientras pone un disco de Catherine Deneuve. Mi madre—continúa—lo encontró en un mercado de pulgas en Paris, fue en su primer viaje, creo, papá lo tenía todo planeado: visitar el tercer mundo del viejo continente: para qué me sirve a mí ver Paris o Viena, incluso Londres, Berlín, las grandes ciudades, la belleza agota mucho, me interesa más algún barrio de Polonia o el oscurantismo que encuentro en la palabra Albania; sin embargo Paris era el deseo de la mujer de su vida y mágicamente anduvieron por allí, haciendo cosas simples, sencillas: haciendo el amor, tomando café, fotografiando palomas en la Place de la Concorde, dejándose fotografiar en sus monumentos, haciendo el amor. Fue como la primera vez que llegó al puerto, él tenía pensado seguir caminando siempre, sin detenerse hasta morir en las alfombras de nieve del polo norte: después de haber caminado, detenerse, caer despacito, ir sintiendo las infinitas puntitas de hielo en la piel, descansar de vivir, amar la vida, recordar. Encontró a mi madre aquí. En Oaxaca conoció a unos artesanos que pintaban con caracol los cotones, estuvo unas semanas ayudándoles, contento en la playa, hasta que le dijeron que irían a Acapulco, que si gustaba acompañarles, pero, le advirtieron, no iremos a pie. Desde que hubo dejado su Nica, como de cariño llamaba a su mamá país, no había sido autotransportado, cuando decía esta palabra me reía mucho, era cómico mi padre, triste, soñador, idealista, feliz a su modo. Caminó por estás calles, como en las calles de Europa y Estelí, seduciendo a Luisa, después dándole besos en el malecón, imaginando surgir circos del fondo de la bahía, y el mar de Puerto Marqués con su cielo de mil estrellas atestiguaron el momento en que fui concebida en una de esas noches de mucho calor, sin viento, y con el mar tímido, rasgado de ternura su superficie.

lunes, junio 04, 2007

Regreso

Me gustan tus ojos porque pueden verme. Hacerme salir de mí y mi cuerpo se queda suspendido solo. Inercia inerte. Porque su forma son todas tus formas. Y me duplico como un sol.

Inmersa entre discursos de Alonso, Angelina renueva las fuerzas de su imagen. Parece que su ausencia pinta violetas en sus ojos. Algo se le ve: espirales de ternura, falta total de quietud. En el Smart la ha visto, casi blanca como la espuma del capuccino. El sábado la vio más, sin proponérselo: era real; una exquisita obsesión. Pero no cometió el error de seguirla con los ojos, sólo con lo que la cabeza pudiera revolver. Al final revolvió un riquísimo licor con su recuerdo que lo invadió toda la tarde, y ella se paseaba, sin sospechar, sin pena, en porciones de él. Agradeció los toldos mojados de junio, y la casualidad del tiempo; agradeció ver las arrugas de las cobijas en el amanecer, poder asirse a ellas, y los abrazos que se hacen sentir. A su vuelta, acomodó, ya sin la envoltura, las sensaciones que sintió para poder estar un tiempo más fuera del camino. Desviado, sí, por gusto, echó la risa a la habitación y empezó a bailar con su sombra.

Acústica

Se escuchan tus pasos. Vienen y se van. En el recuerdo aparecen otra vez y al escribirlos los detengo sólo un momento… pero se quedan atrás. La sombra de una palabra nueva cubre a la anterior y parece que están condenados a desaparecer. Sólo son ilusiones de que estás, y hay sólo ecos y gente, narradores, que me cuentan del ruidito de tus pasos. Pero los oigo y los desoigo, y cuando hay una larga ausencia, este desoír es una esperanza maravillosa y una carencia fatal. En un libro leí que tus pasos eran un mito, verdadero como la niebla que empaña los límites de la ciudad; una leyenda antiquísima: “cierto que aparenta ser un paisaje bucólico”, “instancias de realidad”, “un absurdo”, “una alquimia”, “un trasmutar de uranio a oro”; en la página 315 agregan: una sospecha carente de excepciones. Yo no sé, pero los oigo como escucho Lua
—you simple in the moonlight
o como esa orquesta de domingo, clara y con sonidos nítidos que hacía llevarse a los árboles las ramas al estómago de alegría; con música de viento y retumbiditos que hacían chillar a niños. Y como oigo las palabras que leo y que escribo.

martes, mayo 29, 2007

De allá

Mariachi

Dibujo de Nicolás Paris.
Desde Bogotá.

domingo, mayo 27, 2007

M.

Me gustaría ser Inti el que se escapa. Me gustaría llover en toda la ciudad, con sonrisa de huerta de mangos y colores de ciruelas; con hoyuelos de mi abuela y el suspenso de sus ojos. Me gustaría ser el silencio de mi gato, ser su color, que ahueca cualquier muro, que es una puerta siempre en movimiento.

martes, mayo 22, 2007

Este no es un post musical

Cuando escuchaste la música empezaste a recordar. Hay canciones que son como arquitecturas, específicas, donde bien puedes detenerte en sus gradas y zócalos o sólo oírlas. De nada sirve mirar porque ya nada es como fue. Tiempos aquellos. Los de la compañía. ¡Cuántas cosas podrían contarnos los lugares! Interlude. Empecé a escuchar a Morrisey cuando llegaron esos pájaros colombianos. Ese trío bien combinado, nimbado de muchas nuevas cosas, que sin embargo siempre habían estado allí. Nunca tuve en toda mi estancia en la universidad amigos como ellos. Ahora no sé, haciendo y sorbiendo el conocimiento misterioso del mundo. Y escribo Morrisey, porque su música siempre es como una caja musical abierta, y los pienso presentes, etéreos, casi fantasmales y recargo una enorme sonrisa que se dispara más alegre en los momentos en que la lucidez me permite imaginarlos conmigo. Pero como dice el buen Elías: “Los buenos viajeros son despiadados”. Los buenos viajeros casi no recuerdan y todo lo nuevo que vieron escucharon, se lo guardan para siempre. Por eso su silencio es un polvo muy fino que lastima los ojos, y pueden continuar andando sin ningún lazo de afecto que los retraiga de su presente. Siguen viajando, tolerando todo lo nuevo.
Iba a un concurrido tianguis de sábado, lleno de bandas y mujeres y hombres tatuados. Portaban piercings en su cara como patinetas en las manos. Jóvenes y señores convivían almorzando una quesadilla de huitlacoche con cerveza, y entre puestos que vendían camisetas, antigüedades, vinos caseros, LPs de colección y casetes de protesta, hallamos la palabra Siouxsie. En ese tiempo era un cazador de palabras, quería aprendérmelas todas. Mi amiga, que sabía de música, me regaló un casete de ella
—te va a gustar mucho
yo confiado, y apropósito de la palabra, lo acepté. Cómo uno encuentra influencias musicales, o será una apropiación para siempre de buenos momentos. Hoy, hace ya unos años que pasaron esos momentos, escucho Interlude, que mezcla las voces de estos maravillosos músicos, y yo, ataviado de la memoria, mezclo también las huellas de los buenos amigos ya idos.


Morrisey & Siouxsie - Interlude.mp3