lunes, junio 06, 2005

mino y viola

Estoy aquí, ya no en la ciudad, y es rara la ciudad sin mí. Aquí, en donde son claros los cielos, en donde camino por las calles provincianas y debajo de balcones que laten a bugamibilias..., debajo de acacias. Las cocinas, los negocios empiezan a abrirse, y de dentro empiezan los sonidos. Es raro, son voces pequeñitas, no es el sonido del metro. Una señora compra un jugo, en vaso rojo, de naranja, la peluquería aún no la abren, la muchacha a la que le pregunté la hora: 8:47, reloj móvil. Los novios también se levantan temprano, caminan como lo harían por las tardes: de la mano, se besan en los rellanos.
Quise pasear por atrás de Catedral, pero la ciudad ya no está aquí; soy solo y ciudad, cuando estoy en ella, caminando por vías, torciéndome en las esquinas, parándome enfrente de las panaderías, de esas de ventanales amplios; buscando esas redondelitas multicolores que alguna vez me contaste que te gustan, buscando otras calles, pensando en ellas: alguna vez pasé por aquí, contigo no pasé por aquí, aquí me dijiste esto, aquello; aquí sonreíste así, aquí nos detuvimos... No rodee la ciudad, solo aspire la vi poquito: cuando subió el metro (tres estaciones), y de noche: hay tantas lucecitas alrededor de la tuya. Hay lugares brillantes como barandillas en la mente cuando camino por la ciudad, en que recuerdo cosas que me contaste, lugares que recorrerás, que recorres sin mi, que no quise recorrerlos sin ti, intersecciones, bares pequeños, amores pequeños. Pero siempre que pase por esos lugares-cuando esté en la ciudad-en los que juntos anduvimos, sentiré la ciudad mía: nuestra.
Hoy uso mis zapatos de cuadritos (blanco rojo), piso los centímetros de tierra sin ti, piso lugares que no camine contigo. En la ciudad pisé con ellos 'tiempos', esquinas en las que te abrazaba, pisé parques en los que besaba tus besos.

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